Los sindicatos del transporte han manifestado su descontento con el gobierno, argumentando que la falta de carburantes está afectando gravemente la distribución de alimentos y servicios esenciales.
La creciente escasez de combustible en Bolivia ha encendido la protesta de los transportistas contra el presidente Luis Arce, generando bloqueos de rutas y amenazas de huelga. Mientras tanto, el mandatario anunció una serie de medidas para enfrentar la crisis, que se ha agravado en las últimas semanas.
Protestas y reclamos por el desabastecimiento
Los sindicatos del transporte han manifestado su descontento con el gobierno, argumentando que la falta de carburantes está afectando gravemente la distribución de alimentos y servicios esenciales. Según reportó la radio Panamericana, el 60% del transporte no opera debido a la escasez, provocando un colapso en la movilidad de productos básicos. En Santa Cruz, considerada el motor económico de Bolivia, cientos de ciudadanos marcharon con cacerolas vacías en señal de protesta.
Omar Rivera, presidente de la Federación Departamental de Juntas de Vecinos de Santa Cruz, expresó su preocupación: «Santa Cruz y Bolivia viven días de angustia, de zozobra, nuestras familias están demostrando que no hay qué echarle a la olla. No podemos ya mantener a nuestros hogares, a nuestras familias».
Medidas anunciadas por el gobierno
En un mensaje televisado, el presidente Luis Arce aseguró que «Bolivia no está quebrada (…), tiene una economía que sigue generando inversión pública», aunque admitió que el país enfrenta una crisis de liquidez en dólares. En respuesta, el gobierno anunció medidas como la reducción del uso de vehículos estatales, la implementación de clases virtuales, cambios en los horarios de los funcionarios públicos y la priorización de la distribución de combustibles al sector agropecuario para evitar la pérdida de cosechas.
También se intensificarán los controles militares en fronteras y puntos de distribución para evitar el contrabando y el mercado negro de combustibles. Además, Arce reiteró la necesidad de que el Parlamento apruebe créditos por 1.600 millones de dólares para sostener la economía. «No estamos pidiendo limosna. No estamos pidiendo más que los créditos que el Estado puede pagar», señaló el mandatario.
Crisis económica y tensión política
Bolivia atraviesa una crisis económica derivada de la escasez de dólares, lo que ha complicado la importación de nafta y diésel, cuyo precio internacional es subsidiado en el mercado interno. La reducción de las reservas ha llevado al país a una situación límite, sin soluciones inmediatas a la vista.
Arce descartó opciones como la devaluación de la moneda o la eliminación de los subsidios a los combustibles, aunque enfrenta crecientes críticas de diversos sectores que exigen su renuncia. «No vamos a renunciar», afirmó tajante el presidente.
La incertidumbre sobre el futuro económico de Bolivia persiste, mientras el conflicto entre el gobierno y los sectores afectados por la crisis del combustible sigue escalando. Con rutas bloqueadas y un transporte paralizado en gran parte del país, la tensión social aumenta y se espera que los próximos días sean cruciales para el rumbo del país.