En un cierre de año caótico, una falla técnica acreditó sumas de hasta $700.000 en cuentas de empleados públicos. La alegría duró poco: el banco ya inició la «reversión» de los fondos.
Lo que para muchos parecía un «milagro de fin de año» o un bono de último momento, terminó siendo una pesadilla administrativa. Miles de clientes del Banco Nación (BNA) amanecieron este 31 de diciembre con saldos inflados por conceptos misteriosos como “REND.PESO” y “REND.USD”. Sin embargo, la entidad tardó poco en romper la ilusión: fue un error técnico y el dinero será succionado de las cuentas tan rápido como llegó.
La anatomía de un error millonario
La falla no fue menor. Mientras que algunos usuarios reportaron depósitos exactos de $699.177,82, otros se encontraron con acreditaciones en moneda extranjera que rondaban los USD 370. En una economía asfixiada y con una inflación que no da tregua, la aparición de estos montos en las cuentas sueldo de empleados públicos —un sector particularmente golpeado— generó una ola de especulaciones que inundó las redes sociales.
«No toquen el dinero»: La advertencia del BNA
La respuesta institucional fue tajante. El Banco Nación, la entidad financiera más grande del país con más de 20 millones de cuentas, aclaró que no se trata de ningún beneficio oficial. La instrucción para los clientes fue clara y casi cínica: no gastar un solo centavo. Quienes se apresuraron a transferir o retirar el dinero podrían enfrentar saldos negativos o descubiertos automáticos una vez que el banco ejecute la reversión masiva.
Este incidente pone de relieve la vulnerabilidad de los sistemas informáticos del Estado. En un momento donde se pregona la modernización y el control estricto (como lo demuestra la reciente prórroga de ARCA para cazar deudores), el banco insignia del país demuestra una fragilidad técnica que deja a millones de personas en una situación de incertidumbre financiera durante los festejos de año nuevo.
Crítica a la desilusión programada
El episodio deja un sabor amargo. Más allá de la falla técnica, queda en evidencia la precariedad de la comunicación oficial y la facilidad con la que un error de sistema puede alterar la paz mental de los ciudadanos. Mientras el Estado se asegura de cobrar hasta el último peso de impuestos, sus propias plataformas fallan, creando falsas expectativas y forzando a los trabajadores a custodiar un dinero que el propio banco les depositó por error.
