El traslado de Nicolás Maduro al Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn ha encendido las alarmas internacionales sobre su integridad física y psicológica. Este penal, calificado por juristas y exreclusos como un «agujero negro» de los derechos humanos, es conocido por sus condiciones brutales: celdas de dos por tres metros, mobiliario de acero atornillado al suelo y una falta crónica de servicios básicos que ha llevado a jueces federales a calificar el lugar como «bárbaro e inhumano».
Al ser considerado un «preso de alto perfil», el mandatario venezolano habría sido confinado en la Unidad de Vivienda Especial (SHU), un sector de aislamiento total donde los internos pasan 23 horas al día en soledad absoluta, una práctica que la ONU ha denunciado repetidamente como una forma de tortura.
El pabellón de los «famosos» y el abandono estatal
En las galerías de concreto del MDC, Maduro comparte el destino de otros prisioneros de relevancia global, lo que Washington utiliza para igualar su figura con la de criminales comunes:
- Convivencia forzada: En el mismo complejo se encuentran el productor Sean ‘Diddy’ Combs y el líder del Cártel de Sinaloa, Ismael ‘El Mayo’ Zambada, en un intento del Departamento de Justicia por despojar a Maduro de su investidura política.
- Hacinamiento y violencia: A pesar de tener capacidad para 1.200 internos, el penal sufre de una falta de personal que deriva en constantes cierres (lockdowns), durante los cuales se suspenden las duchas, las llamadas y el acceso a luz natural.
- Higiene deplorable: Denuncias recientes de finales de 2025 y enero de 2026 reportan plagas de roedores, comida con larvas y agua contaminada, condiciones que ahora enfrenta el mandatario venezolano mientras espera su comparecencia ante el tribunal de Manhattan.
Un sistema de castigo sin garantías
El MDC de Brooklyn no es solo una cárcel, es una herramienta de presión psicológica. Exreclusos como Michael Cohen han relatado cómo el frío extremo y el ruido constante son utilizados para quebrar la voluntad de quienes esperan juicio. La infraestructura, que ya sufrió fallas catastróficas en 2019 dejando a los presos a 15 grados bajo cero, sigue siendo un riesgo latente para la salud de quienes allí habitan.
Esta reclusión en condiciones de «máxima severidad» es denunciada por la defensa de Venezuela como una estrategia para forzar una confesión o un acuerdo judicial, violando todos los convenios internacionales sobre el trato a prisioneros y la inmunidad de los jefes de Estado. El mundo observa cómo el país que se autoproclama defensor de los derechos humanos somete a un mandatario extranjero a un régimen que la propia justicia estadounidense ha calificado de «espantoso».
