En un acto de alto voltaje político y simbólico, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, vetó este jueves una normativa aprobada por el Congreso que pretendía recortar drásticamente los años de prisión de su antecesor, Jair Bolsonaro. La firma del veto se produjo durante la ceremonia oficial por el tercer aniversario del asalto a los tres poderes en Brasilia, reforzando la narrativa oficial de defensa de las instituciones.
El panorama judicial de Bolsonaro
El expresidente de 70 años se encuentra recluido en la sede de la Policía Federal en Brasilia desde finales de noviembre, tras una condena histórica que lo sentenció a 27 años de cárcel por conspiración y tentativa de golpe de Estado.
- La ley del Congreso: El parlamento, de mayoría conservadora, buscaba que Bolsonaro pudiera acceder a beneficios de semilibertad en apenas dos años.
- El régimen actual: Con el veto de Lula, el exmandatario deberá cumplir al menos ocho años de prisión efectiva antes de solicitar cualquier tipo de flexibilización.
- Salud en prisión: Pese a haber solicitado el arresto domiciliario alegando secuelas del atentado sufrido en 2018 y una reciente caída en su celda, la Corte Suprema ha mantenido la obligatoriedad de su permanencia en un establecimiento carcelario.
Un aniversario bajo el lema de la democracia
Desde el Palacio de Planalto, el mismo edificio que fue saqueado por miles de bolsonaristas el 8 de enero de 2023, Lula reivindicó la legitimidad de las urnas y calificó aquella jornada como la victoria del estado de derecho sobre el autoritarismo. El acto concluyó con cánticos de sus seguidores exigiendo que no haya perdón para los responsables de la trama golpista, la cual, según las investigaciones, incluía planes para asesinar al actual mandatario.
Hacia las elecciones de octubre 2026
La respuesta del bando bolsonarista no tardó en llegar. El senador Flavio Bolsonaro, hijo del exmilitar, calificó la medida como una «persecución política descarada» y adelantó que el Congreso trabajará para revertir el veto presidencial.
Este enfrentamiento marca el inicio de la carrera electoral para las presidenciales de octubre de 2026, donde Flavio ya asoma como el heredero político de su padre (quien está inhabilitado) para enfrentar a un Lula da Silva que aspira a un cuarto mandato. La polarización en Brasil se traslada ahora de las calles a los estrados judiciales y los pasillos del Poder Legislativo.
