El sur argentino enfrenta este sábado 10 de enero de 2026 una de las catástrofes ambientales más graves de las últimas dos décadas. La provincia de Chubut es el epicentro del desastre, con focos descontrolados en Puerto Patriada y Epuyén que ya obligaron a evacuar a más de 3.000 personas. La combinación de una sequía histórica y vientos extremos ha generado un comportamiento del fuego calificado como «explosivo e impredecible» por los servicios de manejo del fuego.
El avance de las llamas en Parques Nacionales
La destrucción no se limita a bosques provinciales, sino que golpea el corazón de áreas protegidas nacionales:
- Los Alerces: El sector de El Turbio ya perdió 3.000 hectáreas. Existe una preocupación extrema por la zona de los Lagos Verde y Rivadavia, donde el fuego amenaza a «El Abuelo», un alerce milenario de aproximadamente 2.600 años de edad.
- Los Glaciares: En Santa Cruz, un foco activo en este Parque Nacional ya consumió 1.000 hectáreas, siendo combatido por apenas 56 brigadistas.
- Comportamiento extremo: Las autoridades advierten sobre la formación de «columnas convectivas» que lanzan chispas a grandes distancias, multiplicando los focos de manera errática.
Denuncias por falta de recursos y presupuesto
Organizaciones ambientalistas y trabajadores de Parques Nacionales denuncian un escenario de abandono estatal que agrava la emergencia. Según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), durante 2025 el Servicio Nacional de Manejo del Fuego dejó sin ejecutar el 25% de su presupuesto, unos 20.000 millones de pesos que podrían haber reforzado el equipamiento y los salarios de los brigadistas.
La proyección para este 2026 es aún más alarmante, con una Ley de Presupuesto que implica una caída real del 78,5% en los fondos destinados al combate del fuego en comparación con el año pasado. Actualmente, el sistema cuenta con solo 400 brigadistas nacionales de los 700 que se consideran el mínimo indispensable para cubrir las áreas protegidas.
Un pronóstico climático desalentador
El Servicio Provincial de Manejo del Fuego alertó que la situación podría empeorar en las próximas horas debido a la llegada de «tormentas secas». Este fenómeno meteorológico genera rayos que, al impactar en un suelo extremadamente seco y sin lluvia que los acompañe, actúan como detonadores de nuevos incendios. «No hay recursos que alcancen, priorizamos la vida y los bienes, y después el bosque», sentenció Ariel Ruiz, jefe de operaciones del SPLIF Río Negro.
Informe: Natalia Rótolo. Pág. 12
