A los 75 años, falleció este miércoles 21 de enero de 2026 en la ciudad de Cutral Có, Neuquén, Sebastiana Barrera, la mujer cuya incansable búsqueda de justicia tras el asesinato de su hijo transformó para siempre la estructura de las Fuerzas Armadas en Argentina. Su salud se había deteriorado sensiblemente en los últimos meses, y su deceso fue confirmado por su familia con un emotivo mensaje: «Hoy descansa en paz junto a sus hijos Claudia Estela y Omar Octavio».
Sebastiana no fue solo una madre atravesada por la tragedia; se convirtió en el rostro de la resistencia frente al encubrimiento militar y político durante la década del 90.
El caso que conmocionó a la Nación
La historia de Sebastiana cambió para siempre en marzo de 1994, cuando su hijo Omar Octavio Carrasco, de 20 años, ingresó al Grupo de Artillería 161 de Zapala para cumplir con el servicio militar obligatorio. A los tres días, el Ejército le informó a la familia que el joven había «desertado».
Sebastiana y su esposo, Francisco Carrasco, nunca aceptaron la versión oficial. Su desconfianza y la presión que ejercieron sobre las autoridades obligaron a una búsqueda interna que terminó un mes después con el hallazgo del cuerpo de Omar, escondido en el mismo predio militar. La autopsia reveló una verdad brutal: el joven había muerto a causa de una feroz golpiza (práctica conocida como «baile») y una posterior falta de atención médica, todo bajo una densa red de encubrimiento institucional.
El legado: el fin de la «Colimba»
El impacto social del «Caso Carrasco» fue tan profundo que el entonces presidente Carlos Menem, en medio de un clima de repudio generalizado hacia los abusos en los cuarteles, firmó el 31 de agosto de 1994 el decreto que abolió el servicio militar obligatorio en la Argentina, reemplazándolo por un sistema voluntario.
- Justicia: Por el crimen fueron condenados el subteniente Ignacio Canevaro y los soldados Víctor Salazar y Cristian Suárez, además del sargento Carlos Sánchez por encubrimiento.
- Símbolo: Sebastiana Barrera es recordada hoy como la mujer que, desde la humildad de su hogar en Cutral Có, enfrentó al poder de turno para que ninguna otra familia tuviera que entregar a un hijo a un sistema basado en el maltrato y la impunidad.
Con su partida, se cierra un capítulo fundamental de la historia civil argentina, dejando un legado de fortaleza y dignidad que logró transformar el dolor en un derecho para las futuras generaciones.
