La relación bilateral entre Estados Unidos y Canadá atraviesa uno de sus momentos más críticos tras la advertencia directa de Donald Trump de imponer sanciones económicas extremas. El conflicto escaló luego de que el gobierno canadiense, liderado por el primer ministro Mark Carney, oficializara un acuerdo comercial estratégico con Pequín, movimiento que la Casa Blanca interpreta como una «caballo de Troya» para la influencia china en la región.
Trump ha dejado claro que no tolerará que el país vecino se convierta en una plataforma de reexportación para productos asiáticos, especialmente en sectores sensibles como la tecnología y la industria automotriz.
Las claves del conflicto geopolítico
La advertencia de Washington no solo apunta a proteger su industria, sino que busca frenar la expansión de la red de comercio china en el hemisferio norte:
- Aranceles punitivos: Trump anticipó que aplicará un 100% de arancel a todos los bienes canadienses si Ottawa no retrocede en su «asociación estratégica» con China.
- Seguridad Nacional: El mandatario estadounidense calificó el acuerdo del 16 de enero como «muy peligroso» y acusó a Carney de poner en riesgo la estabilidad económica de América del Norte.
- El factor Carney: La Casa Blanca ve con desconfianza el giro diplomático del nuevo primer ministro canadiense, quien defiende el acuerdo con China como una vía para diversificar su economía y reducir la dependencia histórica de Estados Unidos.
Crisis interna en Canadá: El separatismo de Alberta
Las amenazas de Trump han profundizado las fisuras políticas dentro del territorio canadiense. La presión económica externa está reavivando viejos fantasmas de división interna, con un foco particular en el oeste del país:
- Inestabilidad en la Federación: Mientras Quebec mantiene su histórico perfil soberanista, en Alberta ha cobrado fuerza un movimiento separatista que busca la independencia total de Canadá.
- Impacto del «Brexit canadiense»: Los sectores independentistas de Alberta, la provincia petrolera por excelencia, ven con preocupación que las sanciones de EE. UU. destruyan su principal mercado de exportación, lo que alimenta el deseo de romper con el gobierno central de Ottawa.
- La provocación del «Estado 51»: Trump ha vuelto a utilizar la idea de anexar a Canadá como el estado número 51 de la Unión, una retórica que, aunque considerada inviable, busca debilitar la figura de Carney ante la opinión pública canadiense.
Repercusiones para la región
Si se concreta la imposición de aranceles, el impacto se sentirá de inmediato en las cadenas de suministro globales. Canadá es el principal socio comercial de numerosos estados de EE. UU., y un bloqueo de este calibre podría disparar los precios de la energía, la madera y los minerales en todo el continente.
La comunidad internacional observa con cautela si Ottawa mantendrá su «acuerdo histórico» con China o si cederá ante la presión de su vecino del sur para evitar un colapso económico sin precedentes.
