Perú vuelve a sumergirse en la incertidumbre política. El Congreso de la República aprobó este martes la vacancia del presidente José Jerí, un abogado de 39 años que apenas logró sostenerse en el cargo durante cuatro meses. Jerí había asumido tras la destitución de Dina Boluarte, pero su gestión se desmoronó tras revelarse una serie de encuentros opacos con capitales extranjeros.
Con esta salida, el país vecino alcanza una cifra alarmante: tendrá a su octavo jefe de Estado en apenas diez años, consolidando una crisis de gobernabilidad que parece no tener fin.
El escándalo del «Chifagate»
La caída de Jerí fue precipitada por el estallido de una serie de acusaciones vinculadas a reuniones clandestinas fuera de la agenda oficial. El caso, bautizado por la prensa local como «Chifagate», fue el golpe de gracia para un mandatario que ya carecía de una base sólida de apoyo legislativo:
- El video delator: La difusión de imágenes donde se ve a Jerí ingresando encapuchado a un restaurante de comida china en Lima, cuando este ya se encontraba cerrado al público, dinamitó su credibilidad.
- Empresarios bajo la lupa: Se detectaron encuentros con Zhihua Yang y Ji Wu Xiaodong, empresarios vinculados a sectores críticos como seguridad y energía, este último con presuntos lazos en actividades ilícitas.
- Explicaciones insuficientes: Aunque el mandatario intentó calificar los hechos como simples «errores de forma», las contradicciones en sus declaraciones terminaron por unir a las distintas bancadas en su contra.
El futuro inmediato y el abismo institucional
La vacancia se produce en un momento de extrema sensibilidad, con las elecciones generales a la vuelta de la esquina. Según los sondeos, el descontento social es generalizado, y la mayoría de los peruanos respaldaba la destitución ante los indicios de corrupción.
- Sucesión interna: El Congreso deberá elegir de entre sus filas a un nuevo presidente parlamentario que asuma la Jefatura del Estado de forma interina.
- Plazo de gestión: El nuevo mandatario tendrá una tarea puramente administrativa hasta el 28 de julio, fecha en la que deberá entregar el mando a quien resulte electo en los comicios de abril.
- Inestabilidad crónica: La facilidad con la que el Legislativo remueve presidentes vuelve a poner en tela de juicio el equilibrio de poderes en el sistema político peruano.
Perú llega a las próximas elecciones en su punto de mayor fragilidad institucional, con una ciudadanía que observa con apatía y desconfianza un nuevo relevo en el Palacio de Gobierno.
