Un equipo de investigadores de NYU Langone Health ha identificado un mecanismo fundamental que permite a ciertos tumores de pulmón y páncreas evadir la respuesta del sistema inmunológico. El hallazgo, publicado recientemente en la revista Nature, señala que la proteína LCN2 (lipocalina 2) actúa como un “escudo biológico” que protege al cáncer del ataque de las defensas del cuerpo.+1
El estudio fue liderado por los doctores Thales Papagiannakopoulos y Shohei Koide, quienes descubrieron que la LCN2 se produce cuando las células tumorales atraviesan situaciones de estrés extremo, como la falta de nutrientes o glucosa en el entorno del tumor.
El «engaño» al sistema inmunitario
Más que impulsar directamente el crecimiento de las células cancerosas, la LCN2 modifica el microentorno que rodea al tumor para debilitar la vigilancia inmunológica:
- Acción sobre los macrófagos: La proteína actúa sobre estas células (encargadas de coordinar la defensa) y las vuelve «tolerantes» frente al cáncer, impidiendo que activen la alarma.
- Barrera para linfocitos T: Al estar los macrófagos en modo supresor, los linfocitos T (las células responsables de destruir el tejido tumoral) encuentran obstáculos físicos y químicos para infiltrarse y actuar.
Resultados de la terapia experimental
En modelos animales, los científicos lograron bloquear la acción de esta proteína mediante un anticuerpo experimental. Los resultados fueron contundentes:
- Reducción tumoral: Al quitar el «camuflaje» de la LCN2, el sistema inmunitario recuperó su capacidad de ataque, logrando que los tumores se redujeran.
- Sinergia con inmunoterapia: La combinación del anticuerpo contra LCN2 con tratamientos actuales (como los inhibidores de puntos de control) mejoró significativamente la supervivencia en ratones con cánceres agresivos.
- Evidencia en humanos: El análisis de muestras de más de 100 pacientes con cáncer de pulmón y 30 de páncreas mostró que niveles altos de LCN2 se asocian con una menor supervivencia media (52 meses frente a 79 meses en pacientes con niveles bajos).
Aunque los resultados son preliminares y deben confirmarse en ensayos clínicos, este descubrimiento posiciona a la LCN2 como una diana terapéutica clave para convertir tumores «fríos» (invisibles al sistema inmune) en tumores «calientes» que puedan ser tratados con las inmunoterapias actuales.
