El futuro del reactor nuclear argentino CAREM-25 volvió al centro del debate tras conocerse que, mientras el Gobierno frenó su desarrollo por considerarlo inviable, sus componentes comienzan a posicionarse en el mercado internacional.
Un desarrollo estratégico en pausa
El CAREM-25 es un reactor modular pequeño (SMR) diseñado por la Comisión Nacional de Energía Atómica, fruto de más de cuatro décadas de investigación y desarrollo. Se trata de un proyecto que ubicó a la Argentina entre los pocos países con capacidad para diseñar este tipo de tecnología.
Sin embargo, la administración de Javier Milei decidió recalibrar el proyecto, argumentando su falta de viabilidad económica.
IMPSA y la exportación de piezas clave
En paralelo, la empresa IMPSA —recientemente privatizada— avanzó en la fabricación de componentes críticos del reactor, como la vasija de presión, una pieza central de alta complejidad tecnológica.
Directivos de la compañía reconocieron que estos insumos están siendo producidos con potencial de exportación, lo que despertó cuestionamientos sobre el destino del desarrollo tecnológico argentino.
Debate por el conocimiento y la soberanía tecnológica
La situación generó críticas dentro del ámbito científico. Especialistas como Diego Hurtado advirtieron que se podría estar “desarmando” el proyecto para vender sus partes, poniendo en riesgo años de inversión estatal.
Desde sectores técnicos alertan que el acuerdo podría comprometer la confidencialidad del conocimiento desarrollado y transferir valor estratégico a actores privados, incluso del exterior.
Un dilema de fondo
El caso expone una tensión más amplia: mientras crece el interés global por la energía nuclear, surge la discusión sobre si Argentina debe consolidar un desarrollo propio completo o limitarse a proveer componentes en el mercado internacional.
En ese contexto, el CAREM deja de ser solo un proyecto energético para convertirse en un símbolo del debate sobre el control del conocimiento, la industria nacional y el modelo de desarrollo del país.
