Monseñor Bokalic llamó a construir una Iglesia “familia que acoge” en la Misa Crismal

Monseñor Bokalic llamó a construir una Iglesia “familia que acoge” en la Misa Crismal

En el marco del Martes Santo, se celebró la tradicional Misa Crismal en la Catedral Basílica Nuestra Señora del Carmen, presidida por el cardenal Vicente Bokalic Iglic y con la participación de todos los sacerdotes de la arquidiócesis.

La ceremonia, una de las más significativas de la Semana Santa, reunió a fieles, presbíteros y consagrados en un clima de profunda espiritualidad y renovación de la fe.

Un mensaje de gratitud y compromiso

Durante su homilía, Bokalic expresó un sentido agradecimiento a los sacerdotes por su entrega cotidiana: destacó su cercanía con la comunidad y su labor de acompañamiento en contextos marcados por dificultades y desafíos.

“Gracias por estar muy cerca de la gente, por llevar el Evangelio en medio de las cruces y dificultades”, señaló, poniendo en valor el compromiso pastoral en los distintos ámbitos de la vida social.

Iglesia participativa y cercana

El arzobispo subrayó que la vocación sacerdotal debe entenderse como un servicio y no como un privilegio. En ese sentido, llamó a avanzar hacia una Iglesia más participativa, con una conducción “cada vez más colegiada” y abierta a la escucha de todo el pueblo de Dios.

“El Espíritu Santo habita en todos, no somos dueños del Espíritu”, afirmó, invitando a fortalecer el diálogo y el discernimiento comunitario.

También instó a una conversión pastoral que permita superar prácticas centradas en lo individual y avanzar hacia una Iglesia más cercana, comprometida y abierta.

Prioridad en los más vulnerables

En uno de los tramos centrales de su mensaje, Bokalic remarcó que la Iglesia debe ser “una verdadera familia que acoge”, poniendo en el centro a los sectores más vulnerables.

En ese marco, llamó a que los pobres no solo estén presentes en el discurso, sino también en las decisiones y acciones concretas de la comunidad eclesial.

La celebración concluyó con la bendición de los óleos sagrados —de los catecúmenos, de los enfermos y el Santo Crisma—, en un clima de recogimiento que marcó el espíritu de renovación propio de estos días.

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