La situación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atraviesa su momento más crítico desde que asumió, en medio de una seguidilla de escándalos que no logra salir de la agenda pública y que ya generan un fuerte malestar puertas adentro del Gobierno.
Según revelaron fuentes con despacho en la Casa Rosada, el clima interno es de hartazgo. “No sabemos qué hacer para frenar esto”, admitió un funcionario de alto rango, reflejando el desgaste que provoca un caso que se extiende sin control y obliga al oficialismo a reaccionar constantemente.
Pese a ese malestar, el sostén político se mantiene firme desde la cúpula del poder. Tanto el presidente Javier Milei como su hermana Karina Milei decidieron respaldar a Adorni “todo lo necesario”, aunque dentro del propio oficialismo reconocen que ese apoyo podría tener un límite: el punto en que la situación se vuelva irreversible.
Respaldo público, incomodidad privada
La contradicción es evidente. Mientras hacia afuera el Gobierno muestra unidad, hacia adentro crecen las dudas. En la práctica, Adorni sigue siendo exhibido en actos y reuniones, pero con una exposición más controlada: menos conferencias de prensa, menor margen para preguntas abiertas y una estrategia comunicacional más cautelosa.
El desgaste comenzó a intensificarse a partir de marzo, cuando se conocieron imágenes de su entorno en viajes oficiales y comenzaron a acumularse cuestionamientos sobre su patrimonio. Desde entonces, el funcionario quedó bajo la lupa judicial por presuntas dádivas y enriquecimiento ilícito.
Presión política y frente judicial
El escenario se complica además en el Congreso, donde la oposición analiza avanzar con una posible interpelación e incluso una moción de censura, mecanismo previsto en la Constitución para remover al jefe de Gabinete.
En paralelo, la Justicia federal avanza con distintas líneas de investigación. Entre los puntos más sensibles aparecen operaciones inmobiliarias, viajes al exterior y presuntas inconsistencias entre ingresos y gastos declarados.
El fiscal Gerardo Pollicita ya evalúa nuevas medidas de prueba, mientras crece la expectativa sobre el informe de gestión que Adorni deberá presentar ante el Congreso en las próximas semanas.
Sin reemplazo claro, pero con nombres en danza
Aunque oficialmente no hay un “plan B”, en el oficialismo ya comenzaron a circular posibles alternativas en caso de una salida. Entre los nombres mencionados aparecen Sandra Pettovello, Federico Sturzenegger y Diego Santilli, aunque ninguno termina de cerrar consenso dentro del espacio.
Por ahora, la estrategia del Gobierno es resistir y sostener a Adorni en el cargo, intentando recuperar la iniciativa política con mayor actividad y presencia pública.
Un desgaste que no cede
Sin embargo, el impacto del caso ya se refleja en la opinión pública. Diversas encuestas muestran un fuerte deterioro de su imagen y un amplio sector de la sociedad que considera que debería dejar el cargo.
En ese contexto, dentro del oficialismo admiten que la situación se define “semana a semana”. Incluso si lograra sortear las investigaciones y la presión política, algunos sectores ya ponen en duda que Adorni pueda recuperar el rol central que supo tener como figura clave del Gobierno.
El respaldo sigue, pero el margen se achica. Y en la Casa Rosada, cada nuevo episodio alimenta una pregunta que aún no tiene respuesta: cuánto tiempo más podrá sostenerse.
