No me olvides, la flor que fue símbolo de la resistencia peronista y de la búsqueda del cuerpo de Evita

No me olvides, la flor que fue símbolo de la resistencia peronista y de la búsqueda del cuerpo de Evita

A 107 años del nacimiento de Eva Perón, la historia de la flor «no me olvides» (Myosotis) resurge como el código secreto que permitió al peronismo sobrevivir a la proscripción y rastrear el cuerpo de su líder durante más de dos décadas. Lo que comenzó como un gesto de lealtad ante la censura, terminó siendo la marca que la Resistencia peronista utilizaba para advertir a los militares que sabían dónde ocultaban el cadáver secuestrado.

El Decreto 4161 y el nacimiento de un símbolo

Tras el golpe de la «Revolución Libertadora» en 1955, se promulgó el decreto 4161, que prohibía bajo pena de cárcel mencionar los nombres de Perón y Eva, así como el uso de cualquier símbolo partidario. Ante la imposibilidad de usar escudos o marchar, los militantes adoptaron el ramito de «no me olvides» en sus solapas.

El nombre de la flor se convirtió en una consigna política silenciosa que inspiró a Arturo Jauretche a escribir un poema emblemático: «No me olvides, es la flor del que se fue… volveremos otra vez».

Un thriller siniestro: el derrotero del cuerpo

El cadáver embalsamado de Evita, que debía descansar en el Monumento al Descamisado, fue secuestrado de la CGT por órdenes militares. El teniente coronel Carlos Moori Köenig fue el encargado de ocultarlo, iniciando un recorrido macabro por diversos puntos de Buenos Aires.

  • Velas y flores: Los militantes de la Resistencia, informados por simpatizantes dentro de las fuerzas, dejaban velas y ramos de «no me olvides» en los lugares donde el cuerpo era escondido, quebrando la seguridad de los operativos.
  • La tragedia de Arandía: La paranoia por el acoso de la Resistencia llevó al mayor Eduardo Arandía a matar por error a su propia esposa embarazada, al confundirla con un comando peronista que supuestamente venía a recuperar el féretro oculto en su altillo.
  • Obsesión y exilio: Moori Köenig mantuvo el cuerpo en su despacho como un trofeo hasta que fue relevado. En 1957, el «Operativo Traslado» llevó los restos a un cementerio en Milán, Italia, bajo un nombre falso (María Maggi de Magistris).

El regreso definitivo

Tras casi 15 años en Italia, el cuerpo fue entregado a Perón en su exilio en Madrid en 1971. Finalmente, regresó a Argentina en 1974 y, tras el golpe de 1976, la dictadura de Videla permitió su traslado a la bóveda de la familia Duarte en el Cementerio de la Recoleta.

Hoy, a pesar de los intentos históricos por imponer el olvido, el portón de bronce de su tumba sigue siendo el destino de pequeños ramos de «no me olvides», reafirmando la vigencia de aquel código nacido en la clandestinidad.

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