Una imponente estructura en construcción sobre la Ruta 1, a la altura de La Bajada, departamento Banda, ha desatado un intenso debate en la comunidad. Se trata de una gigantesca estatua de San La Muerte que, rodeada de andamios y con un avanzado estado de obra, ya domina el paisaje visual de la zona, generando tanto curiosidad como rechazo.
El predio ha sido denominado «Santuario de Sanación y Liberación para los Hijos de Dios». La escultura, que representa al esqueleto con su tradicional guadaña, cuenta con detalles que incrementan su impacto visual, como un sistema de iluminación en los ojos que destaca especialmente durante las horas nocturnas.
Reacciones encontradas y temor vecinal
La magnitud de la obra ha movilizado a los habitantes del sector, dividiendo las opiniones entre quienes lo ven como una curiosidad arquitectónica y quienes expresan un profundo malestar.
La principal inquietud de los vecinos radica en las particularidades del culto a San La Muerte:
- Pedidos de daño: A diferencia de otras figuras de la fe popular, a esta entidad se le atribuye la capacidad de realizar daños o castigar a enemigos por pedido de sus devotos, lo que genera temor en los alrededores.
- Contraste con el Gauchito Gil: El nuevo templo se encuentra ubicado exactamente frente a un santuario histórico del Gauchito Gil, lo que marca un fuerte contraste visual y espiritual en el ingreso a La Bajada.
La postura de la Iglesia Católica
La construcción ha reavivado el conflicto entre la religiosidad popular y la doctrina oficial. Si bien el Vaticano no reconoce formalmente a ninguna de estas figuras, existe un tratamiento diferenciado por parte de las autoridades eclesiásticas:
- Tolerancia al Gauchito Gil: La Iglesia suele acompañar esta devoción al considerarla una expresión de fe popular que no contradice los principios cristianos básicos.
- Rechazo a San La Muerte: El culto al esqueleto es rechazado de manera tajante, siendo calificado como una práctica ajena a la fe cristiana.
El ritual del «engaño» en las parroquias
A pesar de la negativa institucional, la devoción a San La Muerte es sumamente fuerte en el norte argentino, Paraguay y Brasil. Muchos creyentes recurren a prácticas silenciosas para «consagrar» sus imágenes: un ritual frecuente consiste en llevar pequeñas estatuillas ocultas en las manos a las misas católicas, levantándolas justo cuando el sacerdote imparte la bendición general para captar, de manera inadvertida por el cura, la consagración de la imagen.
La finalización de esta monumental obra en Santiago del Estero promete seguir alimentando la polémica entre la libertad de culto y las tradiciones religiosas predominantes en la región.
