El arzobispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic Iglic, encabezó la solemne celebración litúrgica en honor al Señor de los Milagros de Mailín ante una multitud de peregrinos congregados en la histórica villa del departamento Avellaneda. Durante su homilía, el prelado pronunció un mensaje centrado en la esperanza y la comunión fraterna, al tiempo que formuló severas reflexiones críticas hacia los modelos socioeconómicos y políticos basados en el individualismo y la indiferencia social.
La ceremonia contó con una significación institucional particular debido a la histórica presencia de la imagen original de la Virgen de Huachana, patrona del monte santiagueño, que acompañó la festividad central en el altar mayor del santuario.
El sentido de la peregrinación frente a la crisis social
Al iniciar su alocución, Bokalic trazó un paralelo entre el esfuerzo físico de los promesantes y las dificultades socioeconómicas que atraviesa la población en el territorio nacional, describiendo las realidades complejas que los fieles trasladan en sus intenciones:
«Venimos llevando promesas, dolores, esperanzas y agradecimientos. Ciertamente, muchas veces son mochilas muy pesadas. La peregrinación es imagen de la vida misma. Nadie camina solo, nadie se salva solo, caminamos juntos».
El arzobispo enumeró los principales flagelos que percibe la Iglesia en el despliegue de su tarea pastoral, mencionando de manera explícita la desocupación, el aislamiento, la angustia de los adultos mayores olvidados, la incertidumbre de las familias vulnerables y la lucha cotidiana de los sectores trabajadores y campesinos del interior provincial.
Criticas al individualismo y la logica del mercado
El pasaje más político y doctrinario del discurso eclesiástico estuvo dirigido a cuestionar las corrientes ideológicas contemporáneas que ponderan la meritocracia extrema y la insensibilidad ante la vulnerabilidad ajena. El monseñor instó a la comunidad a desestimar las premisas que contradicen los valores de la doctrina social de la Iglesia:
«Hoy el Evangelio nos llama a dejar atrás la lógica de la indiferencia y del individualismo, esa voz de mundo y de una cierta política que dice que cada uno se arregle solo, que sobrevivan los más fuertes, que el pobre se las arregle como pueda. Esa no es la lógica de Cristo».
En consonancia con los lineamientos del Papa Francisco, Bokalic denunció los efectos de una economía orientada de forma exclusiva a la maximización del lucro financiero sin criterio de responsabilidad social, y alertó sobre la insensibilidad de un Estado que posterga a los sectores postergados en pos de lograr metas fiscales abstractas:
«No se puede aceptar como normal que haya jubilados sin atención, enfermos sin acceso a los remedios, familias sin trabajo o jóvenes sin educación. El bienestar de la sociedad no se puede medir únicamente a partir de estadísticas y números fríos, sin considerar la realidad concreta y el sufrimiento de multitudes».
Alertas por la deserción escolar y las adicciones
El representante de la Iglesia santiagueña también incorporó datos estadísticos locales a su reclamo, lamentando que casi el 50% de los jóvenes de la región no logren concluir sus estudios de nivel secundario, un problema del cual advirtió que muchas veces se evita debatir públicamente. Asimismo, manifestó su preocupación por el crecimiento exponencial de las redes de narcotráfico y las adicciones en los barrios, catalogando a esta problemática como una verdadera catástrofe que obtura las posibilidades de progreso y ascenso social en las comunidades.
Reivindicación de la solidaridad santiagueña ante las inundaciones
Hacia el cierre de su alocución, el arzobispo buscó contraponer los valores de la cooperación frente a la crisis generalizada, rememorando la respuesta comunitaria ante las recientes inundaciones que afectaron a diversas familias radicadas en las cuencas de los ríos Dulce y Salado.
Bokalic detalló que el propio santuario de Mailín funcionó semanas atrás como centro de evacuación y albergue para decenas de damnificados del interior profundo. El prelado ponderó la actitud de los habitantes de la zona, quienes postergaron la reparación de sus propias viviendas para priorizar la asistencia alimentaria y el abrigo de los evacuados, calificando esa acción como un ejemplo de la reserva moral, la dignidad y el sentido de solidaridad que caracteriza al pueblo santiagueño en las horas más difíciles.
