Una publicación efectuada en redes sociales por una vecina de la localidad bonaerense de Ayacucho generó controversia en torno al uso de tecnologías de inteligencia artificial en la atención médica, tras exponer a un profesional del hospital local utilizando una aplicación de chat asistido en la pantalla de su teléfono móvil durante la consulta en el servicio de urgencias. La denunciante cuestionó la idoneidad del médico e imputó el empleo de dichas herramientas para la orientación de diagnósticos y prescripciones farmacológicas en el ámbito de la salud pública.
El hecho reabrió el debate sobre los límites de la tecnología en el ejercicio profesional. Mientras algunos sectores de la comunidad manifestaron preocupación por los márgenes de error y la dependencia tecnológica en casos de urgencia, otros usuarios fundamentaron que el acceso a bases de información científica constituye un recurso complementario subordinado al criterio médico.
