Un equipo internacional de científicos, con un rol protagónico de investigadores del CONICET, ha presentado una propuesta revolucionaria que cuestiona uno de los pilares de la astronomía moderna. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society este febrero de 2026, sugiere que en el corazón de nuestra galaxia no habría un agujero negro supermasivo, sino una concentración extremadamente densa de materia oscura.
Esta investigación, liderada por figuras como Carlos Argüelles, Valentina Crespi y Martín Mestre del Instituto de Astrofísica de La Plata (IALP), ofrece una alternativa para explicar el comportamiento de Sagittarius A* (Sgr A*), el objeto que hasta ahora se consideraba indiscutiblemente un agujero negro.
El modelo de «Núcleo-Halo»: una sola sustancia para toda la galaxia
La clave de este nuevo enfoque radica en entender la materia oscura no como algo separado, sino como un sistema unificado que explica tanto el centro como los bordes de la Vía Láctea:
- Núcleo denso de fermiones: El centro galáctico estaría ocupado por un núcleo hipercompacto de fermiones (partículas subatómicas ligeras). Esta masa es tan densa que genera una atracción gravitatoria capaz de imitar a un agujero negro, explicando por qué las «estrellas S» orbitan a velocidades de miles de kilómetros por segundo.
- Halo difuso: Esta misma sustancia se extiende hacia afuera, formando un halo que rodea toda la galaxia. Según los investigadores, esto permite unificar en una sola teoría el movimiento de las estrellas cercanas al centro y la rotación de la materia en las afueras de la Vía Láctea.
- La «sombra» del agujero negro: Valentina Crespi, autora principal del estudio, señaló que este núcleo de materia oscura podría incluso imitar la famosa «sombra» captada por telescopios, al curvar la luz de manera análoga a un agujero negro.
Evidencia desde la misión Gaia DR3
Para validar esta hipótesis, los científicos utilizaron datos de la misión Gaia DR3 de la Agencia Espacial Europea. Estos datos permitieron mapear con una precisión sin precedentes la rotación de las estrellas lejos del centro galáctico.
El modelo argentino coincide con un patrón de desaceleración observado en las velocidades orbitales a grandes distancias (declive kepleriano), algo que los modelos tradicionales basados únicamente en un agujero negro central tienen dificultades para integrar de forma tan directa con la dinámica global del halo.
Un hito para la ciencia argentina
Aunque los investigadores aclaran que su trabajo no borra de un plumazo la existencia de los agujeros negros, sí abre una ventana científica inédita para desentrañar el misterio de la materia oscura, que compone el 85% de la masa del universo.
Si futuras observaciones confirman este modelo, se trataría del hallazgo astronómico del siglo, cambiando radicalmente nuestra comprensión de la arquitectura cósmica y posicionando a la Argentina en la vanguardia de la astrofísica mundial.
