El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha oficializado el primer gran movimiento económico tras la detención de Nicolás Maduro: un acuerdo récord para la transferencia de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano hacia refinerías estadounidenses. El anuncio, realizado este martes 6 de enero de 2026, marca el inicio de una nueva era de «administración de recursos» donde Washington no solo decide el destino del crudo, sino también el manejo directo del dinero generado.

El «Fideicomiso Trump»: Control absoluto de los ingresos
La característica más polémica del acuerdo es la centralización de los fondos en manos de la Casa Blanca. Trump ha sido inusualmente directo sobre quién tendrá la llave de la caja:
- Gestión presidencial: «Ese dinero será controlado por mí, como Presidente de los Estados Unidos», sentenció el mandatario. El objetivo declarado es evitar que los cerca de 2.000 millones de dólares que vale el cargamento se diluyan en la burocracia venezolana.
- Beneficiarios: Según el anuncio en Truth Social, los recursos se utilizarán «en beneficio del pueblo de Venezuela y de los Estados Unidos», aunque no se han detallado los mecanismos de auditoría para dicho gasto.
- Operativo Relámpago: El secretario de Energía, Chris Wright, recibió la orden de ejecutar el plan de forma inmediata, utilizando buques de almacenamiento para trasladar el crudo directamente a los muelles de descarga en EE. UU.
Delcy Rodríguez: La interlocutora necesaria
Para viabilizar la salida de los barcos que permanecían bloqueados por el embargo, Trump reconoció a Delcy Rodríguez como la autoridad provisional a cargo. Este movimiento estratégico ha generado diversas lecturas:
- Reorientación del flujo: El petróleo que antes se enviaba mayoritariamente a China ahora será redirigido íntegramente a refinerías de la costa del Golfo de México, como las de Valero y Phillips 66.
- Soberanía bajo presión: Mientras Rodríguez asegura que «solo Dios decide su destino», en la práctica ha autorizado la entrega masiva de inventarios para evitar un colapso total de PDVSA por falta de almacenamiento.
- Tensión con Pekín: China ha reaccionado denunciando que las exigencias de EE. UU. sobre el petróleo venezolano «violan el derecho internacional», lo que prefigura un nuevo foco de conflicto en la guerra comercial global.
El despliegue de las «Big Oil»
El acuerdo es solo la punta del iceberg de un plan de reactivación que podría costar más de US$ 100.000 millones. Esta misma semana, ejecutivos de Chevron, Exxon y ConocoPhillips se reunirán en la Casa Blanca para discutir las garantías jurídicas que exigirán antes de desembarcar con inversiones pesadas en la infraestructura dañada de Venezuela.
Con este pacto, Trump busca un doble efecto: bajar el precio de la gasolina para los ciudadanos estadounidenses y consolidar una ocupación económica que convierta a las reservas venezolanas en el respaldo energético de su administración durante los próximos años.
