El mercado laboral argentino atraviesa un escenario cada vez más complejo, con un aumento del desempleo y un fenómeno en expansión: miles de personas que, aun teniendo trabajo, buscan generar ingresos adicionales para poder sostenerse frente a la pérdida del poder adquisitivo.
Según datos del INDEC, la desocupación alcanzó el 7,5% a fines de 2025. Sin embargo, uno de los indicadores más preocupantes es el crecimiento de los llamados “ocupados demandantes”, es decir, trabajadores que ya tienen empleo pero necesitan sumar horas o conseguir un segundo trabajo.
De acuerdo con relevamientos de la Agencia Noticias Argentinas y el IERAL, cerca del 23% de la población activa se encuentra en esta situación, lo que equivale a unos 3,7 millones de personas en búsqueda constante de ingresos extra.
Precarización y crecimiento de la informalidad
El deterioro del empleo formal empujó a muchos trabajadores hacia la informalidad y las “changas”. Actualmente, casi la mitad del mercado laboral operaría fuera de los marcos formales, sin acceso a aportes jubilatorios ni cobertura social.
En este contexto, el monotributo alcanzó cifras récord, con más de 4,7 millones de inscriptos. Sin embargo, el 85% se concentra en las categorías más bajas, lo que refleja ingresos limitados y condiciones económicas ajustadas.
Jóvenes, los más afectados
El impacto es especialmente fuerte entre los jóvenes de 14 a 29 años, el segmento más golpeado por el desempleo y la precarización. Según el INDEC, este grupo registró aumentos superiores a los tres puntos porcentuales en la tasa de desocupación durante el último año.
Además, enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos estables, con alta rotación y condiciones laborales más inestables.
Una brecha que complica la recuperación
A este panorama se suma una marcada brecha entre la oferta laboral y las necesidades del mercado. Mientras crece la disponibilidad de mano de obra para tareas operativas, la demanda empresarial se concentra en perfiles altamente calificados, como técnicos, ingenieros y especialistas en tecnología.
Esta diferencia limita la inserción laboral de una gran parte de la población y profundiza las dificultades en un contexto económico que sigue mostrando señales de fragilidad.
