La industria textil argentina atraviesa un escenario de crisis profunda y paradójica. Según un informe de la consultora Analytica, mientras que para el consumidor la ropa se volvió un 30,6% más barata en términos reales en comparación con la inflación general, el sector productivo local se encuentra en un estado de parálisis casi total.
El abaratamiento relativo —que hoy permite comprar 13 jeans con un salario promedio frente a los 9 de hace dos años— ha tenido como contrapartida un derrumbe industrial sin precedentes en la serie histórica fuera de la pandemia.
Los números del derrumbe productivo
La combinación de una apertura comercial acelerada y la caída del consumo interno ha dejado cifras alarmantes sobre la estructura fabril del país:
- Cierre de empresas: La Fundación Pro Tejer registró el cierre de 558 establecimientos, lo que significa que el 9% de las fábricas del sector dejó de existir.
- Capacidad instalada: Las plantas operan apenas al 29% de su capacidad, un nivel crítico que pone en duda la sostenibilidad de las firmas que aún permanecen abiertas.
- Caída de producción: En varios segmentos, la actividad se desplomó un 50% interanual.
- Impacto en el empleo: Se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados, aunque se estima que la cifra es mucho mayor dado que el sector de confección posee una informalidad del 72%.
El fenómeno de las importaciones y las plataformas «puerta a puerta»
El informe señala que las compras externas de indumentaria crecieron un 97,3% en 2025, alcanzando un récord de US$ 681 millones. Sin embargo, la mayor amenaza proviene de los nuevos hábitos de consumo digital:
- Boom de plataformas: El ingreso de mercadería a través de couriers y plataformas como Shein y Temu registró un crecimiento del 274,2%.
- Competencia «fraudulenta»: Desde la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) denuncian que las rebajas impositivas han beneficiado principalmente a los importadores, mientras la producción nacional enfrenta costos energéticos crecientes y una alta carga tributaria.
Tensión política y rechazo del sector
La crisis no solo es económica, sino también política. Las declaraciones peyorativas de funcionarios nacionales hacia la industria local generaron un fuerte malestar en el sector. Figuras vinculadas al diseño y el comercio, como Benito Fernández y la empresaria Marixa Balli, salieron al cruce de los dichos oficiales, calificándolos de ofensivos para quienes intentan mantener sus persianas levantadas en este contexto recesivo.
