Tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente estadounidense ha dejado de lado la diplomacia para centrar su discurso en la riqueza energética del país caribeño. Con la confirmación de que Estados Unidos «administrará» Venezuela durante la transición, Donald Trump reedita una lógica de intervención económica donde el objetivo principal es el control de los 303.000 millones de barriles de reservas probadas, las más grandes del mundo.
La estrategia del «Administrador»: Reparación y Retorno
La hoja de ruta trazada por la Casa Blanca para los próximos meses implica una toma de control directa sobre la infraestructura crítica:
- Despliegue de las «Big Oil»: Trump ha invitado abiertamente a las grandes petroleras norteamericanas a invertir miles de millones para reconstruir un sistema que calificó como «totalmente destruido». El plan es que estas empresas operen los yacimientos para «generar dinero para el país» bajo supervisión de Washington.
- El botín energético: A diferencia de las guerras en Medio Oriente, donde el control del crudo fue un objetivo cuestionado, Trump ha sido transparente: Estados Unidos busca asegurar el suministro para su propio mercado y desplazar definitivamente la influencia de China y Rusia en la región.
- La «Cuarentena de Recursos»: El flujo de divisas por exportaciones petroleras no pasará por manos de la dirigencia local de manera inmediata, sino que será auditado para garantizar que los fondos se destinen a la reconstrucción y al pago de deudas acumuladas.
Un plan frente a la realidad técnica
A pesar del optimismo de Trump, los analistas de energía advierten que el camino será largo y costoso:
- Deterioro estructural: Décadas de falta de mantenimiento, desinversión y sanciones han dejado a PDVSA con una capacidad operativa mínima. Reactivar las refinerías y pozos no es una cuestión de semanas, sino de años.
- Fuga de cerebros: La industria venezolana ha perdido a la mayoría de su mano de obra calificada, lo que obligará a una importación masiva de técnicos y personal especializado desde Estados Unidos.
- Inversión multimillonaria: Se calcula que se necesitan al menos US$ 100.000 millones solo para estabilizar la producción, una cifra que las empresas privadas solo arriesgarán bajo garantías jurídicas extremas.
Soberanía en jaque
La avanzada de Washington ha reavivado el debate sobre el intervencionismo clásico en América Latina. Mientras algunos sectores de la oposición venezolana ven esto como el único camino para salir de la parálisis, otros advierten sobre el riesgo de una pérdida permanente de soberanía sobre los recursos naturales. La «reconstrucción» de Trump parece más una liquidación de activos estatales bajo el paraguas de una misión humanitaria.
