El caos legislativo y la fragilidad política de La Libertad Avanza (LLA) quedaron expuestos hoy con la confirmación de la diputada Lorena Villaverde de no asumir la banca que le correspondía en el Senado. Esta renuncia, difundida mediante una carta al presidente Javier Milei, no solo implica la pérdida de un voto clave para el oficialismo en la Cámara Alta, sino que subraya la incapacidad del gobierno para asegurar sus propios pliegos en el Congreso.
Villaverde atribuyó su decisión a ser «víctima de operaciones mediáticas obscenas, maliciosas y profundas», pero la realidad parlamentaria es innegable: su expediente fue devuelto a la Comisión de Asuntos Constitucionales (CAC), evidenciando la ausencia de los votos necesarios para asegurar su juramento. La diputada eligió replegarse a su cargo actual ante el riesgo de un rechazo total que habría expuesto aún más la debilidad de LLA.
Este revés confirma que los «sectores del viejo régimen» no están frenando las reformas por «piezas» individuales, sino por la falta de peso político del oficialismo en el recinto. La presunta operación mediática funciona como una excusa para encubrir la impotencia del gobierno de Milei para negociar y consolidar su proyecto, quedando a merced de la «vieja política» que tanto critica.
La carta de Villaverde, que la exime de culpa al afirmar que no será usada «como herramienta para dañar al gobierno», pone de manifiesto la interna dentro del proyecto libertario y el escaso respaldo que la gestión de Milei otorga a sus propios cuadros cuando estos son puestos a prueba, profundizando el clima de desorganización y fracaso legislativo.
