En un hecho que sacude los cimientos de la élite global, Børge Brende presentó su renuncia como presidente del Foro Económico Mundial (WEF). El dirigente noruego, que lideraba la organización desde 2017, se vio obligado a dar un paso al costado tras la difusión de nuevas revelaciones que lo vinculan directamente con el fallecido financista Jeffrey Epstein.+1
La salida de Brende, quien fuera anteriormente ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, marca uno de los momentos más oscuros para la institución que cada año organiza la cumbre de Davos, donde se reúnen los líderes políticos y empresariales más influyentes del planeta.
Las revelaciones que forzaron la salida
A pesar de que Brende negó haber tenido conocimiento de la red de abuso y tráfico sexual de menores liderada por Epstein, la presión pública y los cuestionamientos internos se volvieron insostenibles.
- Reuniones confirmadas: Filtraciones recientes detallaron encuentros y contactos mantenidos entre Brende y Epstein en el pasado.
- Impacto institucional: La controversia erosionó la imagen de transparencia que el Foro ha intentado proyectar en los últimos años, especialmente en un contexto de creciente desconfianza hacia las élites globales.
- El «efecto dominó»: El caso de Epstein, quien murió en su celda en 2019, sigue generando consecuencias para figuras de alto nivel años después de su fallecimiento, demostrando el alcance transnacional de su red de contactos.
Un golpe a la credibilidad de Davos
La renuncia de Brende se produce en un momento de extrema sensibilidad internacional. El Foro Económico Mundial enfrenta constantes críticas por la desconexión entre sus debates sobre desigualdad y sostenibilidad y el comportamiento de sus propios integrantes.
La vinculación de su máximo directivo con una figura acusada de crímenes sexuales de gravedad internacional reabre el debate sobre la falta de controles éticos y la opacidad en las relaciones de poder en los niveles más altos. El organismo ahora se enfrenta al desafío de designar un sucesor que pueda limpiar su reputación mientras el «fantasma» de Epstein continúa apareciendo en documentos judiciales y filtraciones periodísticas.
