El brutal bombardeo sobre Caracas y el posterior secuestro de Nicolás Maduro a manos de fuerzas estadounidenses han provocado una onda expansiva en el tablero geopolítico. Mientras las naciones que defienden la autodeterminación denuncian una invasión ilegal y una violación flagrante del derecho internacional, un sector minoritario alineado con Washington ha optado por respaldar el uso de la fuerza.
La defensa de la soberanía y la condena al ataque
Líderes regionales y potencias mundiales alzaron su voz para repudiar lo que consideran un acto de piratería internacional:
- Rusia: El Kremlin denunció que el ataque es «profundamente condenable» y carece de toda justificación legal, advirtiendo que esta agresión socava la seguridad global.
- Cuba y Bolivia: En un mensaje de hermandad revolucionaria, Miguel Díaz-Canel calificó el hecho como «terrorismo de Estado», mientras que los movimientos sociales bolivianos recordaron que Venezuela no está sola en su lucha.
- Colombia: El presidente Gustavo Petro fue contundente al rechazar la acción unilateral y ordenó el acuartelamiento de tropas en la frontera para proteger la región del avance del conflicto armado promovido por EE. UU.
- Irán: Condenó la «flagrante violación de la soberanía» y el asalto a las instituciones venezolanas.
El bloque de complicidad regional
En un polo opuesto, la administración de Javier Milei en Argentina se posicionó como el principal vocero del intervencionismo en Sudamérica. Al celebrar el secuestro con su ya conocido grito de guerra, el mandatario argentino validó la teoría de que la «libertad» se impone mediante misiles e invasiones, alineándose de manera automática con la estrategia de la Casa Blanca.
Incertidumbre en Europa y cautela institucional
Países como España han adoptado una postura ambigua, evitando condenar directamente la agresión y limitándose a pedir una «desescalada». Por su parte, el presidente chileno Gabriel Boric condenó la injerencia extranjera, subrayando que la violencia no es la vía para resolver los conflictos políticos internos de una nación soberana.
La sesión de emergencia en la ONU será el próximo escenario donde estas posturas chocarán, definiendo si la comunidad internacional permite que la fuerza bruta del imperialismo se imponga sobre la Carta de las Naciones Unidas.
