En una presentación que generó fuertes repercusiones en el Foro de Davos 2026, Jared Kushner expuso la visión de la administración Trump para el futuro de la Franja de Gaza. El plan inmobiliario, denominado «Masterplan», propone una reconstrucción total del enclave basada en el desarrollo de infraestructuras de alto nivel, dejando de lado la asistencia humanitaria tradicional para dar paso a la inversión privada masiva.
Con una proyección de 180 torres frente al mar, el proyecto busca capitalizar la ubicación estratégica de la costa gazatí para convertirla en un destino de residencia y turismo internacional de elite.
Ejes de la transformación económica
El plan de Kushner se fundamenta en cifras de alto impacto para intentar atraer a los capitales globales hacia una zona históricamente en conflicto:
- Inversión privada: Se estima un flujo de u$s25.000 millones para modernizar la región.
- Proyección de PBI: El objetivo es inyectar u$s10.000 millones anuales a la economía local para el año 2035.
- Empleo masivo: La meta es alcanzar los 500.000 puestos de trabajo, repartidos entre la construcción de las nuevas ciudades (New Rafah y New Gaza) y sectores de tecnología avanzada.
Los desafíos del plan de paz
A pesar del optimismo económico mostrado en Suiza, el plan navega aguas políticas turbulentas. El Consejo de Paz —el organismo creado por Trump para gestionar la posguerra— aún debe resolver la falta de coordinación con el gobierno de Israel, que ya expresó su rechazo a las designaciones de autoridades palestinas de transición sin su consentimiento.
Por otro lado, la viabilidad de construir rascacielos sobre un territorio que aún registra bombardeos y evacuaciones forzadas —como las ocurridas este mismo viernes— genera escepticismo entre los analistas internacionales y los defensores de derechos humanos, quienes ven en la propuesta una forma de control político a través de la dependencia económica.
