En un giro inesperado que deja en evidencia la falta de sintonía fina con Washington, el canciller Pablo Quirno ha comenzado a relativizar el apoyo argentino a Edmundo González Urrutia. A pesar de que la propia Cancillería había emitido un comunicado oficial exigiendo que el opositor sucediera a Nicolás Maduro, el pragmatismo de Donald Trump —quien prefiere negociar con la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez— obligó al Palacio San Martín a borrar con el codo lo escrito con la mano.
La diplomacia argentina, en fuera de juego
La estrategia de alineamiento total de Javier Milei con el ala republicana ha sufrido una serie de traspiés logísticos y políticos en las últimas 72 horas:
- El «voto» fallido por Edmundo: Argentina fue de los primeros países en proponer a González Urrutia y a María Corina Machado como el nuevo eje de poder en Caracas. Sin embargo, Trump descartó públicamente a Machado y ni siquiera mencionó a Edmundo, dejando a la diplomacia argentina hablando sola en el escenario internacional.
- El costo de la «tundra osloita»: Mientras se filtran datos sobre el gasto de 163.000 dólares en combustible para el viaje presidencial a Noruega, el saldo político fue nulo. Milei no consiguió la foto con Trump ni pudo cruzarse con Machado en la entrega del Nobel de la Paz, exponiendo una falla de inteligencia diplomática sobre la agenda real de los líderes internacionales.
- La soledad de Tropepi en la ONU: Siguiendo instrucciones de Quirno, el embajador argentino ante las Naciones Unidas sostuvo la tesis del «Cártel de los Soles» justo el día previo a que la Justicia de Estados Unidos desarmara esa figura legal.
El giro hacia el realismo de la Casa Blanca
El Gobierno argentino parece haber subestimado la capacidad de Trump para negociar con el enemigo. Mientras Bullrich y Milei apostaban por una «tabula rasa» en Venezuela, el Departamento de Estado que conduce Marco Rubio ya trazaba puentes con figuras del chavismo para asegurar la estabilidad y, fundamentalmente, el control de las reservas petroleras.
Esta desorientación en el Ministerio de Relaciones Exteriores plantea dudas sobre quién está decodificando las señales de Washington: si el propio Quirno o si existe un cortocircuito entre las expectativas ideológicas de Milei y la cruda realidad de la realpolitik estadounidense.
