La industria automotriz argentina inició el año con una marcada retracción en sus niveles de actividad. Según los datos recientes de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), enero reflejó una caída de doble dígito tanto en la fabricación de unidades como en los envíos al exterior, en un marco de pérdida de competitividad y cambios en el mercado interno.
Aunque las terminales explican que parte de la baja se debe a paradas técnicas y adecuaciones para nuevos modelos (especialmente en plantas de Volkswagen, Renault y Stellantis), los números exponen un deterioro que ya arrastra dos años consecutivos.
Producción: desplome interanual del 30%
En enero se fabricaron 20.998 vehículos, una cifra significativamente menor a las 30.058 unidades producidas en el mismo mes de 2025.
- Baja respecto a diciembre: -20,7%.
- Baja respecto a enero 2025: -30,1%.
- Contexto: Hubo menos días hábiles debido al traslado de vacaciones y paradas de planta, con una cadencia diaria de 1.750 unidades.
Exportaciones: el frente más castigado
Las ventas al exterior, históricamente el motor del sector, mostraron su peor cara. Las exportaciones cayeron un 51% respecto a diciembre y un 12,3% interanual, totalizando apenas 9.759 unidades.
- Dependencia de Brasil: El país vecino absorbió el 58,7% de los envíos, siendo el único mercado que creció levemente.
- Pérdida de mercados regionales: Se registraron fuertes caídas en los envíos a Paraguay, Chile, Uruguay y América Central, donde los vehículos argentinos pierden terreno frente a la competencia de productos asiáticos.
Ventas mayoristas y mercado interno
A diferencia de la producción, las ventas a concesionarios se mantuvieron estables con 34.333 unidades (un leve incremento del 0,7% interanual). Sin embargo, los patentamientos generales mostraron una caída del 4,9%, lo que sugiere un agotamiento del mercado interno tras el fuerte crecimiento experimentado en 2025.
Desafíos estructurales y competitividad
Desde ADEFA, su presidente Rodrigo Pérez Graziano señaló que el sector enfrenta una presión impositiva asfixiante, especialmente a nivel provincial y municipal. A esto se suma el cese de producción de algunos modelos y marcas (como el caso de Nissan), lo que obliga a la industria a replantear su estrategia para no seguir perdiendo relevancia en la región.
La recuperación del sector dependerá, según los fabricantes, de la apertura de nuevos mercados y de una reducción de costos tributarios que permita a los autos nacionales competir en igualdad de condiciones en el exterior.
