El mundo entero experimenta por estas horas una nueva ola de ferocidad. Donald Trump vuelve a confirmar que la política exterior se resuelve con bombardeos, dejando en claro que su voluntad política es señalar que el esfuerzo de la civilización ha fracasado, que los “amante de la paz”, condición para ser miembros de las Naciones Unidas pueden ser pisoteados.
Las opiniones sobre el “régimen político” de Nicolas Maduro han sido reemplazadas por otro debate: el uso de la agresión armada y la fuerza bruta para lograr objetivos políticos de un Estado en relación violenta hacia otro. El bombardeo a la capital de Venezuela y el secuestro del presidente Maduro en el marco de una ofensiva militar a gran escala ejecutada por fuerzas estadounidenses en territorio venezolano representa una acción cabalmente desacreditada en el artículo dos, párrafo cuatro de la Carta de las Naciones Unidas. Este marco legal internacional se constituye como ámbito legítimo para este debate, pudiendo indicar que quienes queden argumentativamente en la periferia del marco señalado, no solo fomentan el fracaso del universalismo de la razón, sino que ponen en peligro las democracias de los demás pueblos.
Estas acciones sientan un precedente peligroso y un ejemplo para otros que intentan ignorar todas las restricciones al uso de la agresión armada y la fuerza bruta para lograr objetivos políticos; incluso para aquellos gobiernos que en su afinidad con Trump sientan por estas horas la impunidad para activar dentro de sus propios territorios operaciones de intromisión violenta por encimas de los resortes institucionales y constitucionales contra aquellos que no estén alineados a sus intereses.
No es un hecho aislado, el gobierno de los Estados Unidos viene jugando fuertemente en cada elección que se desarrolla en la región, Argentina y Honduras son claros ejemplos. Esta intromisión en las soberanías de los pueblos también representa un método de erosión al sujeto político y al sujeto democrático que ve y escucha al poderoso del mundo cuales son los efectos nocivos si el voto no es inclinado hacia sus aliados. Queda claro que el secuestro al presidente Maduro hablita a poder hacerlo con cualquier otro presidente de la región. Fueron detrás del “narcoterrorista” Maduro, como fueron detrás de los misiles que jamás se encontraron en Irak.
El espíritu de la soberanía y la organización internacional ha sido quebrantado por la acción unilateral de Trump. la organización internacional con su fin de bien común internacional no existe ni debe existir para allanar la jurisdicción interna de los Estados, ni para reemplazar la actividad del Estado dentro de la órbita propia de él, ni para ocuparse del bien común público interno de cada Estado. No le toca a la autoridad mundial- dice Juan XXIII en la “Pacem in Terris”- limitar ni sustituir a los Estados. Pero sí le toca fomentar y alcanzar el bien común internacional, con el cual los Estados consigan mejor el bien común interno.
La centralidad hegemónica de un país se mide a partir de las periferias que domina. Estados Unidos ha perdido las periferias en el resto de los continentes como consecuencia de una guerra comercial que lo ha dejado en evidencia de inferioridad. ¿Qué le queda al gobierno de Donald Trump en su desesperada búsqueda de centralidad para revertir su mayor crisis?, la respuesta es simple: recobrar vitalidad a través de la profundización de las periferias de América Latina y el Caribe junto a sus nuevos socios que él mismo acompañó electoralmente o financieramente.
China es su dolor de cabeza, y necesita someter a los países de la región en su lucha desesperada por los mercados. ¿Cuántos años de producción nacional de petróleo le queda al país del Norte? No son muchos, como tampoco son muchas las respuestas a su pretensión con Venezuela, el país con pozo petrolero más grande del continente.
Apropiarse de sus recursos naturales utilizando argumentos infantiles como que “el talento y el esfuerzo estadounidense construyeron la riqueza petrolera de Venezuela” es mucho más que una injerencia extranjera: es una ocupación inaceptable que nos deja al resto del mundo expuesto a ser saqueados en cualquier momento.
“Paz en la Tierra” hablaba Juan XXIII a las naciones del mundo. El 1 de enero de 2026 León XIV en la Jornada Mundial de la Paz pronunciaría: “La paz esté con ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”.
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