La economía argentina atraviesa un fenómeno de compresión monetaria sin precedentes. Aunque los números nominales sugieren una expansión masiva, un análisis profundo revela que el stock de dinero en términos reales se ha reducido drásticamente, generando un escenario de escasez de pesos que convive con una inflación que aún no cede al ritmo esperado por el oficialismo.
La discusión actual no es solo sobre los números, sino sobre qué definimos como «dinero» en un sistema donde los pasivos del Banco Central y el crédito juegan un rol determinante.
La paradoja de los números
Para entender si la base monetaria subió o bajó, es necesario distinguir entre los valores nominales y su poder adquisitivo real:
- Subida nominal: Entre diciembre de 2019 y enero de 2026, la Base Monetaria saltó de $1,7 billones a más de $43 billones.
- Caída real: Al corregir por inflación, la cantidad de dinero circulante cayó un 32% en el mismo período. Hay menos pesos en relación al tamaño de la economía.
- Peso en el PBI: La base monetaria representaba el 8% del PBI a fines de 2019; hoy apenas alcanza el 5,1%, reflejando una economía menos monetizada.
El debate conceptual: Maslatón vs. Yosovitch
El centro de la polémica radica en qué variables deben observarse para medir la emisión. Mientras el Gobierno defiende la «emisión cero», figuras de la oposición técnica cuestionan la metodología:
- La visión oficial (Julián Yosovitch): Sostiene que el Gobierno no expande la base de forma neta, ya que cualquier variación técnica se compensa con absorción monetaria del Banco Central.
- La crítica de Carlos Maslatón: Argumenta que la base monetaria es solo una fracción de la moneda. Incluyendo encajes, plazos fijos y cajas de ahorro, afirma que Milei ha «quintuplicado la cantidad de moneda», lo que eventualmente presionará los precios.
- La postura de Diego Giacomini: Señala que entre 2024 y 2025 los agregados monetarios «volaron» en términos reales, sugiriendo que la expansión simplemente cambió de forma, refugiándose en el crédito y los depósitos.
Consecuencias del modelo de escasez
El Banco Central administra actualmente la escasez de pesos como su principal herramienta de estabilización. Sin embargo, este diseño tiene un costo directo en la economía real:
- Enfriamiento del consumo: La falta de circulante real y el encarecimiento del crédito frenan la actividad económica.
- Restricción externa: La relación entre base monetaria y reservas internacionales se mantiene estable en torno al 67%, lo que demuestra que la falta de dólares sigue siendo el límite estructural, más allá de cuántos pesos haya en la calle.
La frase de cabecera del presidente Milei, «la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario», enfrenta hoy el desafío de una realidad donde la inflación persiste a pesar de una economía fuertemente comprimida y con emisión directa controlada.
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