El presidente iraní, Masud Pezeshkian, rompió el silencio tras la ofensiva aliada y advirtió que la eliminación del Líder Supremo no solo es un ataque contra una nación, sino una «declaración de guerra contra el mundo islámico». Con un país paralizado por 40 días de luto oficial, Teherán ha legitimado internacionalmente su derecho a la represalia, escalando la tensión a un punto de no retorno.
Claves de la respuesta de Teherán
- Legitimidad de la fuerza: El gobierno persa sostiene que vengar a Jameneí es un «deber sagrado» y un derecho respaldado por su soberanía nacional.
- Ataque a la cúpula: La muerte de Jameneí, junto a otros líderes como el general Pakpur y el ministro de Defensa, ha dejado un vacío que el régimen busca llenar con una demostración de fuerza inmediata.
- Advertencia a Occidente: Pezeshkian aseguró que Estados Unidos e Israel «pagarán un precio sin precedentes», mientras las fuerzas armadas iraníes permanecen en estado de movilización total.
Este posicionamiento ocurre en medio de reportes de ataques directos a activos estratégicos en el Golfo, lo que sugiere que la «venganza» prometida ya ha comenzado a ejecutarse en el terreno militar.
