El gobierno de Giorgia Meloni decidió negar a Estados Unidos la utilización de la base aérea de Base Aérea de Sigonella, en el marco de la ofensiva militar que Washington impulsa junto a Israel contra Irán. La medida expone diferencias dentro del bloque occidental en un contexto de creciente tensión internacional.
La decisión fue confirmada por el ministro de Defensa, Guido Crosetto, quien explicó que los vuelos solicitados por la administración de Donald Trump no se encuadraban dentro de las operaciones logísticas habituales ni estaban contemplados en los acuerdos bilaterales vigentes.
Una postura política clara
Según trascendió, el pedido fue rechazado sin una consulta parlamentaria previa, aunque desde el gobierno italiano aclararon que cualquier operación militar fuera de los tratados existentes debe contar con la aprobación del Congreso. Esta postura refuerza la intención de Roma de no involucrarse directamente en el conflicto.
El jefe del Estado Mayor, Luciano Portolano, fue el encargado de comunicar la negativa al comando estadounidense.
España también marca distancia
La decisión italiana se alinea con la postura adoptada por España. El presidente Pedro Sánchez ya había rechazado el uso de las bases de Rota y Morón, además de restringir su espacio aéreo para operaciones vinculadas a la ofensiva.
Estas decisiones generaron fricciones diplomáticas con Washington y abren interrogantes sobre la cohesión de los aliados en medio del conflicto.
Presión internacional y dudas en Washington
En paralelo, medios internacionales señalan que Donald Trump evalúa una posible desescalada, ante el impacto económico global y el desgaste político interno que genera la situación.
El rechazo de países clave como Italia y España representa un obstáculo para la estrategia estadounidense y evidencia las dificultades para sostener apoyo internacional en un escenario geopolítico cada vez más complejo.
