La FIFA y su doble vara: Impunidad para Estados Unidos tras la agresión a Venezuela y el blindaje del Mundial 2026

La FIFA y su doble vara: Impunidad para Estados Unidos tras la agresión a Venezuela y el blindaje del Mundial 2026

La brutal intervención militar de Estados Unidos en Venezuela ha desatado un debate que expone la hipocresía en las altas esferas del fútbol mundial. Mientras que en 2022 la FIFA actuó con celeridad para excluir a Rusia de toda competencia tras el conflicto en Ucrania, el organismo que preside Gianni Infantino se encamina ahora a garantizar que la Copa del Mundo 2026 continúe sin sobresaltos en territorio estadounidense, blindando al país agresor bajo el manto de una supuesta «neutralidad política».

Analistas y organismos sociales denuncian que la estrecha relación entre Infantino y Donald Trump —quien incluso recibió un «Premio de la Paz» de la FIFA semanas antes del bombardeo— funciona como un escudo protector para los intereses de Washington.

El precedente de Rusia vs. el silencio ante Washington

El contraste en el accionar de la FIFA es flagrante y revela un manejo político del reglamento:

  • Sanción inmediata a Rusia: En 2022, el organismo invocó la «paz y seguridad» para suspender a las selecciones rusas, una medida coordinada con la UEFA que dejó al país fuera de Qatar 2022 y del próximo ciclo mundialista.
  • Inacción ante la agresión a Venezuela: Pese a que el Artículo 76 del Código Disciplinario faculta a la FIFA para sancionar atentados contra sus fines estatutarios, el organismo ha optado por un silencio cómplice, reafirmando que no intervendrá en «problemas geopolíticos» cuando el involucrado es su principal socio comercial y político.
  • El peso económico como garantía: La infraestructura de Estados Unidos y los compromisos de patrocinio multimillonarios actúan como un reaseguro para que la sede del Mundial 2026 no corra riesgos, a pesar de la violación de la soberanía venezolana.

«Hacemos deporte, no política»: La frase del cinismo

La entidad vuelve a refugiarse en la histórica máxima de João Havelange para esquivar su responsabilidad ante crímenes internacionales. Mientras el mundo observa las imágenes de bombardeos sobre Caracas, la FIFA se enfoca en la logística de un torneo que, lejos de promover la «paz y la unión», servirá como escenario de propaganda para la administración que ejecutó el secuestro de un mandatario soberano.

Un llamado a la resistencia desde el deporte

Diversas federaciones y grupos de derechos humanos han comenzado a alzar la voz para exigir un trato igualitario. Se cuestiona si la FIFA permitirá que el Mundial sea inaugurado en un país que mantiene una ocupación militar activa o que utiliza métodos de tortura sensorial contra líderes políticos.

Esta situación confirma que, bajo el actual esquema de poder, las reglas de la FIFA solo se aplican contra aquellos que desafían el orden establecido por Occidente, mientras que el anfitrión del Mundial 2026 goza de una inmunidad deportiva que el dinero y la influencia militar han comprado de antemano.

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