El nuevo titular, designado mediante el Decreto 3/2026, es el médico cirujano Luis Eduardo Fontana. Su llegada, impulsada por el ministro de Salud Mario Lugones, busca imprimirle al organismo un perfil más ejecutivo y menos burocrático.
- Formación técnica: Fontana es egresado de la UBA y cuenta con una sólida especialización en administración de empresas de salud y dirección estratégica en la UADE.
- Trayectoria asistencial: Realizó su residencia en cirugía general y oncológica, llegando a ser jefe de residentes en el prestigioso Instituto Ángel Roffo.
- Experiencia corporativa: Posee más de 30 años en el sector privado, donde ocupó la dirección general de una de las empresas de medicina prepaga más importantes del país, liderando procesos de digitalización y modernización.
Los objetivos de la nueva gestión: Control efectivo y menos burocracia
La designación de Fontana no es solo un cambio de nombres, sino una reformulación del rol de la ANMAT bajo la visión del actual Gobierno. El foco estará puesto en tres pilares fundamentales:
- Agilidad y Transparencia: Se busca eliminar la «superposición de áreas» y las estructuras que no tienen un impacto real en la salud pública, acelerando los procesos de aprobación pero endureciendo la fiscalización.
- Seguridad en Medicamentos: Tras la crisis del fentanilo contaminado, la prioridad absoluta será garantizar la trazabilidad de los fármacos y la efectividad de los controles para evitar filtraciones del mercado ilegal.
- Digitalización y Datos: La gestión de Fontana se apoyará en sistemas de información avanzados para la toma de decisiones, siguiendo el modelo de eficiencia que implementó en el sector privado.
El fantasma del fentanilo adulterado
La sombra del fentanilo contaminado —que provocó muertes y decenas de internaciones recientemente— es el desafío inmediato del nuevo titular. Los allanamientos realizados por la justicia en la sede de la ANMAT durante la gestión de Bisio dejaron expuestas fallas en la cadena de custodia y control de precursores químicos. La misión de Fontana será reconstruir la confianza en el organismo y asegurar que el Estado «controle bien y funcione mejor», evitando que la burocracia sea una barrera o un escondite para la falta de rigor científico.
