A los 83 años, falleció Jorge Antonio Bergés, el médico policial que se convirtió en uno de los rostros más oscuros del terrorismo de Estado en Argentina. El deceso se produjo en un sanatorio de la localidad de Quilmes, donde permanecía bajo el beneficio de arresto domiciliario a pesar de sus múltiples condenas por crímenes de lesa humanidad.
Bergés fue una pieza fundamental en el engranaje represivo del Circuito Camps, la red de centros clandestinos de detención que operó bajo la órbita de la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante la última dictadura militar.
El médico de los centros clandestinos
Como parte de la Dirección General de Investigaciones liderada por el represor Miguel Etchecolatz, Bergés supervisó partos en condiciones inhumanas en centros como el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y la Brigada de San Justo. Su rol era doblemente perverso: por un lado, asistía los nacimientos en la clandestinidad y, por otro, era el encargado de legitimar el robo sistemático de bebés.
- Testimonios de horror: Sobrevivientes como Adriana Calvo relataron ante la justicia la brutalidad del médico, quien ejercía violencia física extrema contra las madres en el momento del parto y las obligaba a realizar tareas de limpieza inmediatamente después de dar a luz, antes de que sus hijos les fueran arrebatados.
- Apropiación de identidad: Bergés firmaba certificados de nacimiento falsos para entregar a los recién nacidos a familias vinculadas a las fuerzas de seguridad, borrando sus identidades biológicas.
Un legado de silencio
A lo largo de los juicios en democracia, el «obstetra del mal» acumuló condenas a prisión perpetua. Sin embargo, su muerte genera una profunda indignación entre los familiares de desaparecidos y las organizaciones de Derechos Humanos, ya que Bergés se llevó a la tumba información crucial sobre el paradero de los nietos que aún son buscados por Abuelas de Plaza de Mayo.
Teresa Laborde Calvo, nacida en cautiverio, expresó el sentir de muchas víctimas al señalar que el médico murió sin romper el pacto de silencio sobre los niños robados. Además, investigaciones judiciales recientes indicaron que Bergés continuó involucrado en redes de tráfico de niños incluso tras el retorno de la democracia, utilizando las mismas estructuras y contactos que forjó durante los años de plomo.
Su fallecimiento cierra un capítulo judicial para sus víctimas directas, pero deja abierta la herida de la búsqueda de identidad para decenas de jóvenes que aún desconocen su origen debido a su accionar criminal.
