En un clima de máxima tensión, el nuevo triunvirato de la CGT —compuesto por Arguello, Jerónimo y Sola— lanzó una dura advertencia contra el proyecto de reforma laboral del Gobierno. La central obrera denunció que detrás del discurso de la «eficiencia empresarial» se esconde un ataque directo al corazón del sistema solidario de salud, poniendo en riesgo la atención médica de millones de familias argentinas para favorecer un ahorro ínfimo en el sector patronal.
El ajuste que vacía las obras sociales
La Secretaría de Acción Social de la central fue tajante al desarmar el argumento oficialista. Según la conducción sindical, el ajuste no golpea a las estructuras gremiales, sino a la calidad de vida de los afiliados:
- El «tijeretazo» patronal: La reforma pretende bajar la contribución de las empresas del 6% al 5%. Para la CGT, este punto porcentual no sacará a ninguna empresa de la crisis, pero sí provocará el colapso financiero de las prestaciones básicas.
- El fin de la medicina solidaria: Al recortar recursos, la central advierte que se viene un modelo de «salud para pocos», donde los tratamientos de alta complejidad, la odontología y el acceso a medicamentos quedarán fuera del alcance del salario promedio.
- Derecho Humano vs. Variable de Ajuste: «La salud no es un número en una planilla de Excel, es un derecho humano», sentenciaron, marcando una frontera ideológica total con la visión de desregulación que propone Javier Milei.
El diagnóstico del colapso: Menos turnos y prestaciones
La central obrera enumeró con tono de alerta las consecuencias inmediatas que enfrentará el trabajador si el Congreso cede ante la presión del Ejecutivo:
- Vaciado de cartillas: Menos profesionales dispuestos a trabajar por honorarios degradados y menos centros de salud disponibles.
- Tratamientos en jaque: Restricciones severas en estudios de diagnóstico, cirugías y prácticas que hoy son un estándar de cobertura.
- Medicamentos inaccesibles: Un recorte drástico en los descuentos y límites más estrictos para acceder a remedios crónicos.
La CGT en pie de guerra por la salud
Con el cierre del mensaje «No es un debate sindical, es un problema de salud», la calle Azopardo busca movilizar no solo a los delegados, sino a la base social de los sindicatos. Al desplazar el foco de «la caja» hacia «el acceso a la salud», el gremialismo intenta blindar sus recursos frente a una sociedad que demanda mejores servicios, acusando al Gobierno de ser el único responsable de un futuro colapso sanitario para los trabajadores.
