En un acto cargado de prepotencia institucional, el presidente Javier Milei presentó por cadena nacional un controvertido proyecto de ley para reformar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La iniciativa gubernamental, repleta de dogmatismo y recetas extremas, pretende restringir severamente el margen de acción de la autoridad monetaria e imponer un inédito mecanismo de congelamiento administrativo.
Violentos ataques y la absurda idea del «grillete fiscal»
Lejos de apelar al consenso o a la sensatez técnica, Milei volvió a recurrir al agravio para justificar la medida. A través de la red social X, el jefe de Estado tildó de «analfabetos económicos» a exfuncionarios del organismo, evidenciando una vez más la falta de compostura y el tono bochornoso con el que su administración aborda el debate de las políticas públicas.
Detrás de la promesa oficial de erradicar la inflación mediante la prohibición estricta de emitir dinero para financiar al Estado, la propuesta encierra un esquema altamente peligroso. El proyecto intenta atar de manos al próximo gobierno prohibiendo de forma absoluta la asistencia al Tesoro o a las provincias, al tiempo que busca atornillar a la conducción del BCRA exigiendo una disparatada mayoría de dos tercios del Congreso para poder remover a sus autoridades.
Por si fuera poco, el Gobierno insiste en defender el polémico «grillete fiscal», un perverso mecanismo de shutdown de la administración pública. Esta norma prevé la paralización estatal y la suspensión de salarios en el sector público ante eventuales situaciones de déficit, una insólita amenaza que arriesga la estabilidad institucional y el funcionamiento básico del país bajo el pretexto de la ortodoxia financiera.
