La República Argentina evoca un nuevo aniversario del hito fundacional que transformó de manera estructural los paradigmas de asistencia, cobertura y contención de los sectores más postergados del entramado social durante mediados del siglo veinte. A través de la firma del decreto N.º 20.564, rubricado el 19 de junio de 1948 por las máximas autoridades del Poder Ejecutivo Nacional, se dispuso el reconocimiento jurídico y la institucionalización civil de la «Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón», la herramienta de gestión comunitaria liderada por la entonces primera dama que buscó reemplazar el tradicional modelo de la beneficencia por los postulados de la justicia social.
La organización, que posteriormente unificó su denominación bajo el nombre de «Fundación Eva Perón» mediante el decreto 20.268 del año 1950, desplegó durante sus siete años de vigencia una red de cobertura logística, sanitaria y educativa sin precedentes en el territorio de las provincias argentinas. Su accionar se caracterizó por la celeridad administrativa para dar respuesta a las demandas de las poblaciones vulnerables, canalizando recursos presupuestarios estatales y aportes gremiales hacia la edificación de infraestructuras comunitarias críticas que subsistieron en el tejido urbano nacional.
Los ejes del despliegue sanitario, las obras de infraestructura educativa y los programas de promoción de derechos e inclusión social desarrollados por la entidad se describen a continuación:
Despliegue de policlínicos regionales y el sistema de hogares de tránsito
La intervención de la Fundación en materia de salud pública representó un soporte estratégico para los planes federales del Ministerio de Salud. Bajo la supervisión directa de su fundadora, la entidad financió y coordinó la construcción de una red de policlínicos modernos y hospitales de alta complejidad en múltiples provincias del interior argentino, dotando a los centros sanitarios de equipamientos biomédicos de vanguardia, laboratorios de análisis clínicos y bancos de sangre que garantizaron el acceso gratuito a tratamientos médicos complejos para miles de familias trabajadoras.
Asimismo, en los grandes centros urbanos se instrumentó el dispositivo de los «Hogares de Tránsito», establecimientos residenciales de carácter provisional diseñados de manera específica para brindar alojamiento, alimentación e indumentaria a mujeres y niños desamparados o en situación de indigencia habitacional. Estas unidades operaban bajo un esquema de asistencia integral donde los equipos de profesionales médicos y trabajadores sociales contenían a los núcleos familiares mientras se gestionaba su inserción laboral genuina y el acceso a planes de viviendas obreras definitivas.
Infraestructura para la niñez y las colonias de vacaciones comunitarias
El fomento del bienestar de la infancia constituyó uno de los pilares doctrinarios de la institución. La Fundación planificó y ejecutó la edificación de imponentes «Hogares-Escuela» a lo largo de todo el país, estructuras concebidas como espacios de educación y residencia donde los hijos de familias trabajadoras de escasos recursos recibían formación académica, contención pedagógica, indumentaria escolar y controles odontológicos y médicos periódicos sin apartarse de sus realidades regionales.
Las acciones orientadas al esparcimiento y la inclusión de los menores se articularon mediante las siguientes iniciativas:
- Ciudades Infantiles: Complejos urbanísticos a escala diseñados para la recreación formativa, la sociabilización temprana y el cuidado pedagógico de huérfanos o niños de familias en contextos de alta vulnerabilidad.
- Campeonatos Infantiles Evita: Certámenes deportivos de alcance nacional que funcionaron como el primer gran dispositivo de control sanitario y médico masivo para la población infantil del país, obligando a la realización de revisiones clínicas a todos los participantes.
- Turismo Social: Construcción de grandes complejos vacacionales y colonias de descanso en las sierras de Córdoba y en las localidades de la Costa Atlántica, permitiendo que delegaciones escolares del interior y familias obreras conocieran el mar y accedieran al derecho del descanso anual.
Distribución de bienes de capital doméstico y disolución de la entidad
Más allá de los grandes complejos edilicios, la acción cotidiana de la Fundación se visibilizó mediante la entrega directa de insumos de asistencia y herramientas productivas destinadas al fortalecimiento de la economía familiar. Anualmente, las dependencias de la entidad coordinaban el despacho de millones de juguetes, libros de estudio, bicicletas y, fundamentalmente, máquinas de coser, un insumo de capital que permitió que miles de mujeres jefas de hogar consolidaran emprendimientos textiles autónomos y obtuvieran sustento financiero propio fuera del sistema de subsidios.
La actividad de la Fundación Eva Perón experimentó una lógica desaceleración tras el fallecimiento de su creadora en julio de 1952, manteniendo no obstante su esquema de prestaciones básicas hasta septiembre de 1955. Tras el derrocamiento del orden constitucional por parte del golpe de Estado de la autodenominada Revolución Libertadora, las nuevas autoridades de facto dispusieron la intervención, el desmantelamiento operativo y la liquidación patrimonial definitiva de la institución, clausurando un modelo de gestión que instaló de manera permanente el debate sobre las responsabilidades del Estado en la redistribución de la riqueza y el amparo de los derechos ciudadanos.
