El indicador de riesgo país de la Argentina volvió a registrar una tendencia al alza hasta ubicarse en torno a los 655 puntos básicos, la marca más elevada en lo que va de 2026. El deterioro en las cotizaciones de los títulos soberanos refleja la cautela con la que los inversores internacionales evalúan la liquidez efectiva de las reservas del Banco Central y el cronograma de vencimientos de deuda proyectados para el ciclo 2026-2027, en el marco de la reciente gira del Ejecutivo nacional por París.
El escepticismo del mercado financiero se concentra en la brecha entre los recursos anunciados y las reservas de libre disponibilidad. Mientras que el Poder Ejecutivo estimó un poder de fuego agregado de hasta 75.000 millones de dólares para afrontar la volatilidad cambiaria —sumando compras de divisas, líneas contingentes y swaps—, los operadores diferencian el efectivo disponible de los instrumentos que requieren activaciones previas o negociaciones bilaterales. A su vez, las compras de divisas por parte del Banco Central alcanzaron los 14.568 millones de dólares al cierre de septiembre, impactando en un incremento neto de reservas brutas cercano a los 5.000 millones de dólares tras cumplir con compromisos comerciales y financieros.
El panorama se completa con la decisión del Tesoro de pausar las licitaciones de títulos en dólares como el Bonar 2029 para evitar convalidar tasas elevadas en el mercado local, trasladando la necesidad de financiamiento hacia la plaza doméstica. En tanto, los anuncios de inversión privada realizados en Europa corresponden de forma predominante a la extensión de desembolsos de largo plazo por parte de empresas energéticas consolidadas en el país, en un escenario donde los inversores monitorean el flujo de divisas necesario para afrontar vencimientos que superan los 24.000 millones de dólares el próximo año.
