La histórica cooperativa láctea SanCor, emblema de la industria nacional fundado en 1938, solicitó ayer formalmente su propia quiebra. Tras un prolongado proceso de deterioro financiero y tras haber entrado en concurso preventivo en febrero de 2025, la firma con sede en Sunchales admitió la imposibilidad de sostener sus operaciones.
El pedido fue presentado ante el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, a cargo del juez Marcelo Gelcich, quien deberá decidir el futuro inmediato de la entidad.
Un gigante en retirada
SanCor llegó a ser un pilar de la economía regional, procesando 4,6 millones de litros de leche diarios y empleando a más de 4.000 personas en su época de esplendor. Sin embargo, una serie de factores desencadenaron su caída:
- Deuda millonaria: El pasivo asciende a USD 120 millones, con acreedores que incluyen a la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y fondos financieros internacionales.
- Conflicto salarial: Según informó el sindicato Atilra, la cooperativa adeuda 8 meses de sueldos más aguinaldos a su personal.
- Reducción de estructura: De los miles de empleados originales, la planta se redujo a menos de 850 trabajadores en la actualidad, en medio de cierres de plantas y ventas de activos.
El camino al colapso
El declive de la cooperativa se profundizó en la última década. A pesar de intentos de reestructuración en 2017 y créditos internacionales que no llegaron a completarse —como el acuerdo con Venezuela—, la falta de competitividad y los altos costos operativos paralizaron la producción.
La reciente quiebra de ARSA, la empresa que producía yogures y postres con marcas que originalmente pertenecían a la cooperativa, representó un impacto final para la estrategia de supervivencia de SanCor. En diciembre pasado, la firma ya había presentado un Plan de Crisis reconociendo que, sin asistencia externa, el funcionamiento era inviable ante el escaso ingreso de materia prima y la paralización de sus plantas.
Impacto en la región
La noticia genera una profunda conmoción en Sunchales y en todas las cuencas lecheras de Santa Fe y Córdoba. El cierre definitivo de SanCor no solo implica la pérdida de una marca icónica en la mesa de los argentinos, sino que pone en riesgo los puestos de trabajo restantes y afecta directamente a los productores asociados que aún entregaban su producción a la cooperativa.
