La desaparición física del purpurado emiliano deja un vacío profundo en los ámbitos de la teología y la diplomacia vaticana. A lo largo de sus más de dos décadas al frente de la Conferencia Episcopal Italiana, Ruini demostró una capacidad singular para amalgamar la rigurosidad doctrinal con una activa participación en las discusiones legislativas y civiles de su país. Su deceso a los 95 años fue recibido con expresiones de respeto por parte de todo el arco político europeo, que coincidió en catalogarlo como un agudo analista de las transformaciones culturales de Occidente y un incansable defensor del humanismo cristiano.
Las ceremonias oficiales de despedida en la ciudad de Roma contarán con la presencia de altas autoridades de la Santa Sede, delegaciones diplomáticas internacionales y representantes de los diversos centros académicos donde el cardenal ejerció la docencia y el desarrollo de sus tesis filosóficas. La gestión de su legado quedará ahora en manos de las nuevas generaciones de obispos, quienes afrontan el desafío de sostener los canales de diálogo institucional en una sociedad civil cada vez más secularizada, manteniendo vigentes los principios de libertad y búsqueda de la verdad que rigieron la extensa trayectoria ministerial del difunto vicario general.
