En 1991, Munira Abdulla, oriunda de Emiratos Árabes Unidos, sufrió un severo traumatismo craneoencefálico en la ciudad de Al Ain al proteger con su cuerpo a su hijo Omar, de cuatro años, durante una colisión contra un autobús. Tras el accidente, la mujer permaneció durante 27 años bajo cuidados intensivos, soporte nutricional por sonda y tratamiento fisioterapéutico permanente para prevenir el deterioro muscular.
Luego de recibir intervenciones iniciales en su país y en Londres, el punto de giro en su condición neurológica se produjo tras su traslado a la Clínica Schön, en Alemania, mediante el financiamiento del gobierno emiratí. En el centro médico especializado fue sometida a cirugías correctivas de contracturas articulares y a un programa intensivo de estimulación neurofisiológica.
En 2018, la paciente recuperó la capacidad del habla al pronunciar el nombre de su hijo Omar. En las semanas posteriores, Abdulla comenzó a reconocer a sus familiares directos, articular oraciones simples y expresar necesidades básicas, permitiéndole interactuar con su entorno familiar pese a las secuelas neurológicas persistentes.
Especialistas en neurología precisaron que el cuadro clínico no correspondía a un coma profundo ni a un estado vegetativo persistente, sino a un estado de mínima conciencia. Esta condición se caracteriza por preservar fluctuaciones liminares de actividad cerebral y respuestas intermitentes a estímulos externos, aspecto técnico que explicó la factibilidad de su evolución del habla tras casi tres décadas de inmovilidad.
