En el marco del bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú, los obispos del Noroeste Argentino (NOA) se congregaron en Catamarca para reflexionar sobre la vigencia del legado espiritual y civil del fraile franciscano. El encuentro, que incluyó actos litúrgicos en Piedra Blanca, su tierra natal, sirvió para analizar su figura como un «pastor adelantado a su tiempo» y un pilar fundamental en la pacificación nacional.
Acompañados por el especialista Oscar Tapia, los prelados destacaron que la vida de Esquiú estuvo marcada por una espiritualidad unitiva, donde no existían fisuras entre su fe, su pensamiento y su acción cotidiana.
Ejes de la reflexión episcopal
Durante las jornadas de trabajo, los obispos resaltaron diversas dimensiones que hacen a la santidad y al ministerio del beato:
- Espiritualidad y Humildad: Se subrayó que, pese a su relevancia política en la organización nacional, Esquiú fue ante todo un hombre de oración. Su docilidad para aceptar el obispado, a pesar de su preferencia por la vida austera del convento, fue señalada como un ejemplo de obediencia.
- Misión Pastoral en Córdoba: Los prelados repasaron su gestión al frente de la diócesis cordobesa, donde priorizó la reorganización de la curia y la atención directa a las periferias, destacando sus cartas pastorales sobre la caridad y el sacerdocio.
- Compromiso con el Bien Común: Al igual que figuras como el Cura Brochero o Santo Toribio de Mogrovejo, en Esquiú se valoró la búsqueda del progreso humano y social como una extensión natural del bien espiritual.
Dimensión pacificadora y unidad nacional
Un punto central del encuentro fue el rol de Esquiú como pacificador en una Argentina fracturada por divisiones internas durante el siglo XIX. Los obispos señalaron que su anhelo de unidad nacional y su dolor ante los enfrentamientos fratricidas mantienen una vigencia absoluta en el contexto actual.
Para los pastores del NOA, la integridad de vida del fraile y su coherencia entre la fe y el compromiso ciudadano lo posicionan como un modelo de «apóstol y ciudadano» que trabajó incansablemente por la paz.
Fuerza de la devoción popular
Finalmente, los obispos valoraron la masiva respuesta del pueblo catamarqueño y de los devotos de toda la región. Consideraron que la veneración de sus reliquias y las constantes peregrinaciones son signos de un deseo auténtico de santidad en la comunidad, un fenómeno que la Iglesia debe escuchar y acompañar.
Con este encuentro, los obispos del NOA reafirmaron el compromiso de seguir difundiendo el testimonio de Esquiú como una guía para la construcción de una sociedad más justa y unida.
