Se bañó con lentes de contacto y perdió la visión en un ojo

Se bañó con lentes de contacto y perdió la visión en un ojo

Una joven de 20 años, Grace Jamieson, sufrió la pérdida de la visión en uno de sus ojos tras contraer una grave infección parasitaria por un hábito que muchos usuarios de lentes de contacto subestiman: ducharse sin quitárselos. El caso, ocurrido durante un viaje a República Dominicana, se volvió viral como una advertencia sanitaria sobre los riesgos del contacto entre el agua y las lentillas.

La infección fue causada por la Acanthamoeba, un microorganismo que habita en fuentes de agua dulce (grifos, piscinas, lagos) y que, en este caso, quedó atrapado entre la lente y la córnea de la joven.

Síntomas y diagnóstico tardío

El cuadro clínico no fue detectado de inmediato, lo que permitió que el parásito avanzara agresivamente sobre el tejido ocular:

  • Señales iniciales: Fuertes dolores de cabeza, sensación punzante en el ojo y episodios de ceguera temporal.
  • Error médico: Inicialmente, Jamieson recibió un diagnóstico equivocado, lo que retrasó el inicio del tratamiento específico para la queratitis por Acanthamoeba.
  • Consecuencia: La demora en el tratamiento adecuado derivó en la pérdida de la visión del ojo afectado.

Un tratamiento extremo y prolongado

Actualmente, la joven enfrenta un proceso de recuperación que afecta su vida cotidiana de forma drástica:

  1. Medicación intensiva: Debe aplicarse gotas cada 30 minutos durante las 24 horas del día (incluyendo la madrugada) para intentar erradicar el parásito.
  2. Uso de esteroides: Recibe fármacos de alta potencia para controlar la inflamación severa de la córnea.
  3. Tiempo estimado: Los médicos prevén que el tratamiento podría extenderse entre seis meses y un año, sin garantías totales de recuperar la visión perdida.

Recomendaciones para usuarios de lentes

A través de su testimonio, Grace busca concientizar sobre la higiene visual para prevenir estos casos:

  • Cero contacto con agua: Nunca ducharse, nadar ni lavarse la cara con los lentes de contacto puestos.
  • Higiene estricta: Lavar y secar perfectamente las manos antes de manipular las lentillas.
  • Mantenimiento: Utilizar únicamente soluciones estériles (nunca agua de grifo) y renovar periódicamente tanto el estuche como el líquido de limpieza.

Este caso sirve como un recordatorio crítico de que microorganismos inofensivos para la piel o el sistema digestivo pueden resultar devastadores si encuentran un entorno propicio para proliferar en el ojo humano.

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