Finalizó el proyecto «Iglesias Hermanas»: El legado de Rosario en Monte Quemado

Finalizó el proyecto «Iglesias Hermanas»: El legado de Rosario en Monte Quemado

En una emotiva celebración eucarística en la ciudad de Monte Quemado, se dio por concluido el proyecto «Iglesias Hermanas», una iniciativa misionera que desde 2019 unió a la Diócesis de Añatuya con la Arquidiócesis de Rosario. La misa de cierre fue presidida por el obispo local, Monseñor José Luis Corral, junto a su par rosarino, Monseñor Eduardo Martín.

Lo que comenzó como una respuesta a la falta de sacerdotes en el departamento Copo, terminó consolidándose como un intercambio fraterno que transformó la vida comunitaria de la región durante siete años.

Un puente misionero de 2019 a 2026

El proyecto no solo consistió en apoyo material, sino en una presencia humana constante que revitalizó las parroquias de la zona:

  • Sacerdotes en territorio: Los padres José María Lamas, Juan Ignacio Lanzotti y Sebastián Amerise residieron de manera estable en Monte Quemado, integrándose a la cultura y necesidades de los fieles santiagueños.
  • Compromiso laico: Un numeroso grupo de laicos de Rosario (como el matrimonio Santa Cruz, Sabrina Briyisky y Lucía Garaycochea, entre otros) aportaron formación y tiempo en misiones específicas, promoviendo un laicado más activo y corresponsable.
  • Impacto pastoral: La diócesis anfitriona destacó que la creatividad y dedicación del equipo rosarino dejó una huella profunda, fortaleciendo los grupos parroquiales y la identidad bautismal de la comunidad.

El futuro de los misioneros

Tras el cierre formal del proyecto, los sacerdotes involucrados tomarán nuevos rumbos:

  1. Padre Sebastián Amerise: Solicitó autorización para continuar su labor misionera en el exterior, específicamente en Cuba.
  2. Padre Juan Ignacio Lanzotti: Permanecerá en la Diócesis de Añatuya por un nuevo período. Este año asumirá funciones en la parroquia San Francisco de Asís y colaborará con el nuevo párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, garantizando la continuidad del trabajo iniciado.

La despedida estuvo marcada por la gratitud de los vecinos de Monte Quemado, quienes valoraron la permanencia de los sacerdotes rosarinos como un gesto de verdadera hermandad eclesial en tiempos de necesidad.

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