El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha flexibilizado las exigencias fiscales para el gobierno de Javier Milei en su última revisión de abril. El organismo redujo la meta de superávit primario del 2,2% al 1,4% del PBI para diciembre de 2026. Esta disminución de 0,8 puntos porcentuales representa un «auxilio» indirecto equivalente a unos u$s4.700 millones, permitiendo un margen mayor en el manejo del gasto público.
El acuerdo, alcanzado recientemente en Washington, se basa en la recalibración de las proyecciones macroeconómicas para el país:
- Inflación: El organismo elevó su previsión del 16,4% al 30,4% para este año.
- Crecimiento: Se ajustó a la baja, pasando de una expectativa del 4% a un 3,5%.
El impacto de las metas nominales
Aunque las metas se suelen difundir en porcentajes del PBI, el cumplimiento efectivo ante el FMI se mide en valores nominales (pesos argentinos). Según estimaciones de la Fundación Libertad, la meta original de octubre implicaba un superávit de $22,6 billones, mientras que con el nuevo esquema de abril, el objetivo descendería a $16 billones.
Esta paradoja ocurre porque, a pesar de un menor crecimiento real, la inflación más alta eleva el PBI nominal, facilitando numéricamente el alcance de los objetivos expresados en moneda local.
Estabilidad fiscal bajo la lupa
A pesar del cumplimiento de los objetivos del primer trimestre, consultoras como el CEPEC advierten que el superávit actual muestra signos de estabilización más que de una mejora estructural. En marzo, el Sector Público Nacional registró un superávit primario de $0,9 billones, pero una parte significativa de ese resultado respondió a ingresos extraordinarios por la privatización de activos (centrales hidroeléctricas).
Sin esos ingresos excepcionales, el resultado primario del primer trimestre se ubicaría en el 0,3% del PBI, un nivel levemente inferior a los registrados en el mismo período de los dos años anteriores. El desafío para el equipo económico será sostener el equilibrio fiscal en un contexto donde el ajuste del gasto empieza a encontrar límites operativos y la recaudación depende de una demanda interna que aún no muestra señales claras de recuperación.
