El gobierno de Javier Milei atraviesa una profunda crisis política que ha puesto en el centro del debate la continuidad del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Según fuentes del oficialismo, la estrategia actual consistiría en sostener al funcionario en el corto plazo para no exhibir signos de debilidad institucional, aunque se analiza su salida una vez que el impacto mediático del escándalo comience a disiparse.
El desgaste de Adorni se ha intensificado tras las recientes polémicas vinculadas al uso del avión presidencial por parte de su esposa y la difusión de información sobre operaciones inmobiliarias realizadas durante su gestión. Dentro del ecosistema libertario, las críticas han escalado a nivel público; el biógrafo presidencial Nicolás Márquez calificó al funcionario como una figura «políticamente muerta» y señaló la imposibilidad de que este retome sus habituales conferencias de prensa sin enfrentar el costo de los recientes hechos.
La incomodidad se ha extendido a otros integrantes del gabinete. Durante un encuentro empresarial, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, cortó de forma tajante las consultas sobre el tema, reflejando el malestar interno que genera un conflicto que ha monopolizado la agenda de comunicación del Ejecutivo.
A pesar de contar todavía con el respaldo de Karina Milei, la decisión sobre el futuro de Adorni parece estar condicionada a la evolución del clima político. La maniobra de una «salida enfriada» permitiría al Ejecutivo realizar cambios en el organigrama ministerial sin que estos sean interpretados como una capitulación directa ante las presiones, confirmando al mismo tiempo el deterioro de una de las piezas centrales del armado libertario.
